A partir del volumen 13 número 1 de 2017 la Revista de Medicina y Cine se encuentra alojada en

http://revistas.usal.es

El síndrome de Munchausen por poderes en el cine. De El sexto sentido/ The Sixth Sense (1999) a A Child’s Cry for Help (1994)

María Lucila Merino Marcos

Departamento de Pediatría del Hospital Universitario de Salamanca (España).

Correspondencia: María Lucila Merino Marcos. Hospital Universitario. Paseo de S. Vicente s/n. 37007. Salamanca (España).

e-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Recibido el 6 de noviembre de 2005; aceptado el 10 de diciembre de 2005


Resumen:

Una forma de abuso infantil que ha sido incluido en el guión de varias películas es el síndrome de Munchausen por poderes. El argumento de A Child’s Cry for Help (1994) es simplemente un caso clínico de este síndrome. En Llamada perdida/ Chakushin ari (One Missed Call) (2003) subyace a lo largo de toda la trama y en El sexto sentido / The Sixth Sense (1999) forma parte de una subtrama.

Palabras clave: síndrome de Munchausen por poderes, abuso infantil, malos tratos infantiles, falsificación de condición pediátrica, trastornos de la personalidad.


Un número importante de enfermedades raras constituyen el núcleo argumental o forman parte del guión de algunas películas1. Una de ellas es el síndrome de Munchausen por poderes, una forma de malos tratos en la infancia. El impacto de este síndrome en el cine es escaso. Entre las películas que se han ocupado de él se encuentran El sexto sentido/ The Sixth Sense (1999) de M. Night Shyamalan, Llamada perdida/ Chakushin ari (One Missed Call) (2003) de Takashi Miike y A Child’s Cry for Help (1994) de Sandor Stern. Mama/M.A.M.A. (2003) de Nonny de la Peña y A Boy’s Life (2003) de Rory Kennedy y Nick Doob son dos documentales cuyo argumento se centra, también, en este síndrome.


El síndrome de Munchausen por poderes

Es una forma grave de abuso infantil con altas tasas de recidiva y elevada mortalidad. Su autor es una persona que se ocupa del cuidado del niño maltratado, generalmente la madre. Este perpetrador hace que parezca que el niño está enfermo, simulando que tiene síntomas o provocándoselos, con el fin de que sea ingresado y sometido a procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasivos. Engloba tanto al maltratado como al maltratador, que tiene la característica de no obtener beneficio alguno, a no ser el psicológico, del abuso1,2.

Fue descrito en 1977 por el pediatra británico Roy Medow3, que le dio este nombre por su cercanía con el síndrome de Munchausen, que engloba a las personas, generalmente adultas, que simulan o se producen síntomas con tal de ser atendidos en un hospital. Este síndrome fue descrito en 1955 por Richard Asher, que lo denominó así en honor al Baron Von Munchausen, el gran narrador de historias inventadas4. Ambos se incluyen dentro de los trastornos ficticios2, caracterizados porque el paciente o una persona próxima a él quieren producir la impresión de que padece una enfermedad. El síndrome de Munchausen por poderes despierta gran interés profesional, sólo en 2004 se publicaron 21 artículos recogidos en PubMed.

El síndrome de Munchausen por poderes incluye a los dos protagonistas, el niño que sufre el abuso y la persona que lo produce. La American Professional Society on Abuse of Children ha propuesto que sean diagnosticados respectivamente como “falsificación de una condición pediátrica” y “trastorno ficticio por poderes”1,2.

Los perpetradores en la mayoría de los casos son las madres del niño maltratado. Con frecuencia solas o con un compañero que ejerce poco peso en la pareja y la relación con los médicos puede sustituir esta carencia.Muchas poseen conocimientos sanitarios, son enfermeras, ayudantes de clínica o cuidan niños. Esta circunstancia favorece no sólo la realización del abuso, saben cómo hacerlo, sino el poder seguir haciéndolo en el hospital, ya que suelen despertar confianza en el personal que les permite ocuparse del niño. La aparente dedicación que muestran con sus hijos las hace merecedoras del reconocimiento del personal sanitario y de su familia, aunque cuando no son vistas pueden pasar de ellos y ser brutales. Con frecuencia ofrecen una historia detallada y completa de la salud de sus hijos. Indudablemente son personas con alteraciones psicológicas o psiquiátricas, con frecuencia presentan trastornos de la personalidad: ficticios, somatoformes (psicosomáticos), narcisistas, histriónico y/o bordeline. Muchas padecen un síndrome de Munchausen o fueron víctimas en su infancia del síndrome de Munchausen por poderes. Es difícil saber por qué cometen este tipo de abuso de forma voluntaria y planeada, posiblemente una razón que les induce a hacerlo es la necesidad de utilizar al niño como manera de conseguir la atención del médico y otro personal sanitario. Asumen el papel de enfermo a través de otra persona. A diferencia de otros tipos de abusos, los causantes no obtienen en este síndrome ningún tipo de ganancia o beneficio a no ser psicológico1,2,5.

La mayor parte de los niños que sufren abuso tienen menos de cinco años, siendo la mayoría lactantes1,2, aunque no hay que olvidar que también lo pueden sufrir niños mayores, incluso adolescentes5. En la mayoría de los casos los malos tratos se dirigen a dos hermanos.

Los síntomas con los que se pretende llamar la atención del personal sanitario pueden ser fingidos, derivados de modificaciones de muestras para análisis (ejemplo añadiéndoles sangre) o, lo más frecuentemente, provocados. Estos suelen deberse a la obstrucción de la vía aérea o a la administración de sustancias exógenas. Estas últimas suelen ser medicamentos (eméticos, laxantes, psicofármacos, hipoglucemiantes, etc.), pero pueden ser otros elementos, como productos de limpieza y fluidos que vehiculan microorganismos. A parte del ahogamiento, se han utilizado malos tratos físicos directos como laceraciones, dieta, etc. La provocación de infecciones también es frecuente5,6. Los síntomas que muestran los niños abusados son atípicos, no encajan en enfermedades conocidas y el proceso o no se controla o cuando parece estar controlado aparecen recaídas no previsibles2. Las manifestaciones clínicas son múltiples, las más frecuentes son apnea, depresión del SNC, convulsiones, vómitos, diarrea, fiebre, exantemas, manifestaciones alérgicas y síntomas psiquiátricos1. Los niños pueden sufrir múltiples ingresos e ir de hospital en hospital hasta que por fin, en el mejor de los casos, son diagnosticados de que sufren un abuso. La media de la duración de los malos tratos supera el año. Muchos de estos niños padecen alteraciones físicas y casi todos psicológicas, incluso muchos años después1,6. Entre los daños, hay que incluir los derivados de las actuaciones del médico inducidas por los síntomas provocados por el perpetrador1.

La sospecha del abuso debe conducir a un análisis cuidadoso de la historia clínica del niño y de sus hermanos, buscando datos sugerentes. Es importante combinar rapidez y prudencia en aras a la seguridad del niño y a las posibles demandas judiciales. El diagnóstico se confirma con estudios toxicológicos y forenses, vigilancia con video, de acuerdo con las normas legales de cada país, y con la “prueba de la separación” entre ambos, momento en que los síntomas desaparecen. En su diagnóstico y manejo es necesario disponer de equipos multidisciplinarios que incluyan médicos, profesionales de la asistencia social y abogados1. En el tratamiento es fundamental la separación del niño que sufre el abuso y el tratamiento psiquiátrico del perpetrador, hay que tener presente que estas personas, una vez descubiertas, pueden llegar al suicidio6 y poner las medidas necesarias para evitarlo


El sexto sentido/ THE SIXTH SENSE

Ficha técnica

Título: El sexto sentido
Título original: The Sixth Sense
País: Estados Unidos
Año: 1999
Director: M. Night Shyamalan
Música: James Newton Howard
Guión: M. Night Shyamalan
Intérpretes: Bruce Willis, Haley Joel Osment, Toni Collette, Olivia Williams, Mischa Barton, Donnie Wahlberg, Peter Tambakis, Jeffrey Zubernis, Bruce Norris, Glenn Fitzgerald, Greg Wood, Trevor Morgan y Angelica Torn.
Color: color
Duración: 107 minutos
Género: drama/ intriga
Productora: Hollywood Pictures, Spyglass Entertainment, The Kennedy/Marshall Company
Sinopsis: un psiquiatra infantil atiende a un niño que padece el mismo cuadro de un paciente con el que fracasó en su día y que se suicidó tras dispararle.


El sexto sentido es una película dramática y de intriga donde en una subtrama, limitada a una secuencia, aparece el síndrome de Munchausen por poderes. Cinematográficamente es un buen film que consigue lo que pretende, sorprender al espectador. La interpretación de Bruce Willis es excelente.


La película

Malcom Crowe (Bruce Willis) es un psiquiatra infantil que acaba de recibir un premio en su ciudad como reconocimiento a su labor. La misma noche en que lo recibe entra en su casa un paciente que había tratado de niño y con el que había fracasado. Tras echarle en cara su actuación, acaba disparándole y suicidándose. Más tarde tiene la oportunidad de tratar a un niño de 8 años, Cole Sear (Haley Joel Osment), que presenta los mismos síntomas, el ver a personas muertas. Se obsesiona con él y descuida a su esposa hasta que logra su curación.

El síndrome de Munchausen por poderes en El sexto sentido

Como se ha mencionado, este síndrome constituye sólo una subtrama de la película. Tras el entierro de una joven, Kyra (Mischa Barton), Cole va a su cuarto. Allí se le aparece la chica y le pide que le lleve una cinta a su padre. Éste la pone en el video y ve cómo su esposa añade una sustancia tóxica a la comida que sirve a su hija (foto 1). Se estima que la mortalidad en el síndrome de Munchausen por poderes es de un 9 al 10%, llegando al 33% cuando se utiliza el ahogamiento o el envenenamiento1,2. Hay que presuponer que el abuso que presenta la película pertenece a este síndrome, no se puede asegurar pues sólo se ve una única actuación de la madre.


Llamada perdida/ CHAKUSHIN ARI (ONE MISSED CALL)

Ficha técnica

Título: Llamada perdida
Título original: Chakushin ari
País: Japón
Año: 2003
Director: Takashi Miike
Música: Kôji Endô
Guión: Yasushi Akimoto y Minako Daira
Intérpretes: Kou Shibankasi, Shinichi Tsutsumi, Kazue Fukiishi, Renji Ishibashi, Goro Kishitani, Anna Nagata, Atsushi Ida, Yutaka Matsushige y Mariko Tsutsui.
Color: color
Duración: 112 minutos
Género: terror/ intriga/ misterio
Productora: Kadokawa-Daiei Eiga K.K./ ABL Augusta
Sinopsis: se producen una serie de muertes violentas relacionadas por la amistad. En todas ellas, el fallecido había recibido una Llamada perdida tres días antes en la que se oía su voz o se veía su imagen en el momento de su muerte.


La película

Yumi Nakamura (Kou Shibasaki), ve aterrorizada cómo algunos de sus amigos de la Universidad mueren de forma violenta. La causa de estas defunciones parece estar en una extraña Llamada perdida recibida en sus móviles. Su desesperación alcanza el cénit cuando aparentemente le llega su turno.

El drama comenzó un día en que estando reunida con un grupo de amigos, Yoko (Anna Nagata), la más íntima de ellos, recibió una sorprendente llamada en su móvil. La melodía que la anunciaba no era la que tenía seleccionada, la pantalla le informó que era una Llamada perdida, el origen era, sorprendentemente, ese mismo teléfono, y del buzón de voz brotaron palabras pertenecientes a la dueña del aparato que terminaban con un grito desgarrador. Además, lo más extraño de todo es que la llamada aun no se había producido, estaba fechada tres días después. Tras este tiempo, Yoko muere arrollada por un tren. Días más tarde, otro amigo fallece de forma similar cayendo por el hueco de un ascensor.

Tras este suceso se topa con Hiroshi Yamashita (Shinichi Tsutsumi) un joven cuya hermana también había muerto según este macabro ritual, en este caso a consecuencia de un incendio. La chica trabajaba en un hospital infantil. Investigando diversas fichas de fallecidos y la agenda de su hermana Hiroshi, se da cuenta que una niña cuya ficha indica que falleció de un ataque de asma, había ido en repetidas ocasiones al hospital de su hermana por este proceso, pero lo más sorprendente es que su hermana también, pero en su caso por distintos padecimientos claramente provocados, ingesta de chinchetas o quemaduras leves por ejemplo. Comienzan a investigar esta pista y se encuentran aparentemente con un síndrome de Munchausen por poderes, el causante parece ser la madre y las maltratadas las dos niñas.


El síndrome de Munchausen por poderes en la Llamada perdida

Dejando a un lado los escasos valores cinematográficos de esta película japonesa, los malos tratos están presentes a lo largo de toda su trama, pues no hay mayor abuso que el provocar la muerte a otra persona, en este caso a varias.

La única actividad universitaria en la que participan algunos de los protagonistas es una lección sobre malos tratos, donde se dice que “los malos tratos generan malos tratos”, esta frase se puede aplicar perfectamente al síndrome de Munchausen por poderes en el que muchos perpetradores lo sufrieron en la infancia.

El origen de las muertes se orienta hacia una madre perpetradora de abusos en sus dos hijas una de ellas muere de una crisis asmática. Este motivo se utiliza en la cinta para dar una explicación bastante correcta de lo que es el síndrome, aunque no es verdad que el abuso se limite a edades tempranas5.

El desarrollo ulterior demostrará que estamos ante un caso del síndrome atípico, la autora no es la madre, sino la niña que murió de una crisis asmática. Esta infligía daños físicos variados a su hermana más pequeña con el fin de que la curasen en el hospital (fotos 2 y 3). En una de estas agresiones, la madre la dejó sola y no le dio el aerosol de su broncodilatador para llevar a la pequeña, a la que acababa de agredir al hospital. En estas circunstancias, la crisis asmática le produjo la muerte.


A CHILD’S CRY FOR HELP

Ficha técnica

Título: Un niño solicita ayuda; Cuidado intensivo
Título original: A Child’s Cry for Help
País: Estados Unidos
Año: 1994
Director: Sandor Stern
Música: Joseph LoDuca
Guión: Jan Jaffe Kahn y Sandor Stern
Intérpretes: Veronica Hamel, Pam Dawber, Daniel Hugh Kelly, Lisa Jakub, Cynthia Martells, Daniel Benzali, James Pickens Jr., Jeff Williams, Zachary Charles, Tobey Maguire, Regina Krueger, Lois Hicks, James Gale, Connie Craig y John Ashton.
Color: color
Duración: 116 minutos
Género: drama
Productora: Hallmark Entertainment, Longbow Productions, Ronald J. Kahn Productions
Sinopsis: una doctora atiende a un niño, hijo de una “abnegada viuda”, que sufre un abdomen agudo atípico que tras su intervención se complica con inexplicables cuadros de bacteriemias.


Es una película realizada para la televisión donde el síndrome de Munchausen por poderes es el núcleo argumental. En español ha sido pasada por el Canal Hallmark con los títulos de Un niño solicita ayuda y Cuidado intensivo.


La película

Existen dos subtramas, una principal que narra la actividad profesional de la doctora Paula Spencer (Veronica Hamel) centrada en el caso de un niño que sufre un extraño proceso y otra secundaria, de la que se podía haber prescindido, en la que se ocupa de los problemas que tiene con su hija. Ambas se imbrican y conducen a un final feliz para la protagonista.

La acción comienza cuando Paula (foto 4), una prestigiosa especialista en cardiopatía fetal procedente de UCLA (University of California, Los Angeles), entra en su nuevo hospital en Denver para tomar posesión como directora. Desconocida en ese momento por el personal, se encuentra en urgencias con una mujer, Mónica Shaw (Pam Dawber) (foto 5), que está reclamando asistencia rápida para su hijo Eric (Zachary Charles) (foto 6). El niño tiene dolores abdominales y fiebre. Al pasar al lado del chico, le explora y solicita ante la extrañeza del personal, que aún no la conoce, que un médico vea al pequeño pues presenta un abdomen agudo.

Tras tomar posesión de su cargo el doctor Alec Jefferson (Jeff Williams), le informa que un cirujano ha visto al niño diagnosticándole una apendicitis aguda por la que va a ser intervenido. La doctora Spencer no está de acuerdo con el diagnóstico, pues aunque el niño tiene una VSG elevada y leucocitosis, no presenta dolor ni rigidez en fosa iliaca derecha. Accede a que sea intervenido pues el cirujano la convence que es mayor el beneficio que el riesgo, unos puntos frente a una perforación apendicular.

Por la historia clínica realizada por el doctor Jefferson, se conoce que madre e hijo han vivido con anterioridad en Arizona, en concreto en Tucson y en Phoenix. En la anamnesis, Paula se da cuenta que la mujer lleva un auténtico archivo médico de su hijo, le refiere que ha padecido paperas, sarampión, varicela, escarlatina y rubéola, diciéndole que lleva un control tan exhaustivo de las enfermedades del chico porque es hija de médico, dejando traslucir el afecto que siente por su padre, más adelante confesará que aprovechaba cualquier momento para estar con él.

La intervención da la razón a Paula, la laparotomía demuestra que el apéndice era normal, sólo se ha encontrado una gran inflamación intestinal con vasos obstruidos.

A partir de este momento la madre intenta intimar con Paula, le regala un mapa de Denver para que pueda valerse en su nueva ciudad (foto 7), le hace confidencias comentándole que es viuda desde que Eric tenía tres años, la halagará diciéndole que es como su padre, que trata al enfermo y no la enfermedad y conseguirá que al final sea ella la que lleve a su hijo.

Una vez que Eric abandona la unidad de reanimación y pasa a una habitación, empieza a sufrir extraños e inexplicables episodios de bacteriemia.

Primeramente, y tras manipular su madre el gotero por la noche, presenta un cuadro febril, y en los hemocultivos se aíslan dos tipos de microorganismos, Candida albicans y estreptococos del grupo viridans. El laboratorio dice que no es posible que estos gérmenes sean de origen abdominal,ya que normalmente se encuentran enla saliva. Paula se sorprende al ver a la madre manipular la bomba de perfusión intravenosa (foto 8) cuando va a informarle de que Eric está respondiendo favorablemente al tratamiento antibiótico. Su grado de extrañeza aumenta cuando el niño que comparte habitación con Eric presenta los mismos síntomas y se aíslan de su sangre los mismos microorganismos.

Este hecho hace que la doctora Spencer comience a sospechar que son bacteriemias provocadas. Para evitarlas ordena que se impida a todas las personas ajenas a los pacientes entren en sus habitaciones, incluidas las que llevan regalos, como por ejemplo ramos de flores. Eric queda solo en su habitación.

A pesar de esta medida, recibe una llamada nocturna en la que se le comunica que el chico ha tenido una nueva recaída. En esta ocasión se aísla un Escherichia coli, una bacteria de origen fecal. Ya no tiene ninguna duda, son infecciones provocadas, pues los microorganismos son distintos.

De nuevo recibe una información que, en lugar de contribuir a que tenga un buen concepto de Mónica Shaw, consigue todo lo contrario. Las enfermeras le confiesan que es una madre excelente, que no deja a su hijo solo ni un momento, que ni siquiera va a cambiarse de ropa a su casa. Recelaba de Mónica y la sospecha se transforma casi en evidencia, ordena que se vigile al niño cada quince minutos y se dirige a la biblioteca. Revisa varios libros y se pone en contacto con un psiquiatra de Boston. Tras lo cual ordena que el niño sea sometido a aislamiento ante la oposición del jefe de personal, el doctor Morris (Daniel Benzali), que siempre ha mostrado poca simpatía por ella. Al final, tras exponer algunas características de Mónica que le hacen sospechar que pueda padecer un síndrome de Munchansen por poderes consigue que el niño sea aislado. La madre se pone hecha una fiera, le recrimina su comportamiento, creía que era su amiga y hábilmente consigue que se le permita entrar en la habitación de su hijo con la vestimenta de aislamiento.

Paula, sin permiso del hospital, se dirige al Departamento de Servicios Sociales (foto 9) y consigue que el abogado se interese por el caso. Allí habla de la madre: dice que realmente quiere a su hijo, pero que trata de matarlo, su actitud es diferente a la del personal sanitario que hace agravar el estado de sus pacientes para luego arrogarse el mérito de haberlos salvado.

La acción entra en una dinámica judicial, el Departamento de Servicios Sociales impide que la madre visite a su hijo. Ésta demanda al hospital, cuyos administradores tienen miedo a las consecuencias. Dado que Mónica presenta datos atípicos dentro de los que suelen encontrarse en el síndrome de Munchausen por poderes, como el que tiene un solo hijo o que los síntomas hace poco tiempo que han comenzado, se intenta investigar su vida en Tucson y Phoenis, donde dijo haber vivido con anterioridad, pero en estas ciudades no se encuentra ni rastro de ella o de su hijo. La idea de que es una mentirosa compulsiva toma cuerpo. Eric mejora con la excepción de la aparición de una “pataleta” que le produce el conocer que su madre no puede visitarlo, información que le ofrece una enfermera. Este colectivo está claramente en contra de la doctora Spencer.

En la vista preliminar, la jueza, basándose en que el niño ha mejorado desde que no está con su madre, da la razón a los Servicios Sociales y aprueba la separación total de la señora Shaw de su hijo (foto 10).

Una noche la madre de Eric, disfrazada de enfermera, entra en la habitación de su hijo mientras el guarda de seguridad lee en la puerta y no presta demasiada atención. Cuando sale de la habitación sólo es vista por una niña de seis años que está ingresada en la planta y que deambula por el pasillo. La señora Shaw le pide que no diga nada (foto 11).

Al día siguiente hay una hecatombe en el hospital, el niño ha recaído, presenta fiebre y convulsiones. La doctora Spencer piensa que se ha equivocado, que Mónica es una buena madre, y presenta su dimisión por escrito.

Un hecho inesperado relanza el interés, Amanda (Lisa Jakub), la hija de Paula Spencer, que hace labores sociales en el hospital habla con la niña y se entera que esa noche Mónica visitó a su hijo. Ante este hecho, Paula va a ver a Eric e intenta obtener de él algún detalle que ayude en la vista judicial. Pero no obtiene ningún dato interesante. En ese momento entra el doctor Alec Jefferson, el médico que al comienzo de la trama vio a Eric, y viendo los dibujos del niño, que están colgados en la pared de su habitación, comenta que es un artista, casi todos tienen como motivo el hospital, pero repara en uno de ellos que le recuerda a La Aguja Espacial (Space Leedle) del Seattle Center (foto 12). De nuevo surge una pista, de la que rápidamente Paula informa al Departamento de Servicios Sociales.

Comienza la vista y ante las preguntas del abogado del Departamento de Servicios Sociales, Mónica comenta que su padre era un médico maravilloso que aprendió mucho de él, como por ejemplo como se controla un gotero, pero que solamente coincidía con él cuando estaba enferma. De nuevo aparece su vena de mentirosa pues niega que haya estado en Tucson y en Phoenix. Todo parece perdido, pero en ese momento entra la asistente social y le entrega una nota al abogado y ante los datos que comienza a comunicar a partir de este momento, Mónica se derrumba. Informa que anteriormente había vivido en Seattle y Eric de 1989 a 1994 había tenido veintiséis ingresos por dolores abdominales inexplicables y cuyo diagnóstico definitivo fue que eran consecuencia de la ingesta de laxantes. En esta ciudad los médicos sugirieron a Mónica que se hiciera un estudio psiquiátrico, pero la abandonó un mes antes de ingresar en el hospital de Denver. La señora Shaw no es viuda, esta divorciada, fue abandonada por su marido. Hace doce años su primer hijo, que tuvo de soltera, murió a los nueve meses por una perforación intestinal originada por abuso de laxantes.

Eric mejora e irá a vivir con su abuela materna, pero ¿cuál será el daño psicológico que ha sufrido y que consecuencias ulteriores tendrá?

La historia de Eric también pone un punto final a la complicada relación que la doctora Spencer tenía con su hija.

Al llegar a la ciudad Amanda no se llevaba bien con su madre. En su comportamiento subyacía la añoranza por su padre muerto tres años antes, el que su madre no tuviera demasiado en cuenta su opinión y sobre todo la actitud poco afectiva que muestra hacia ella. Paula si se preocupa por su hija pero no lo exterioriza. Todas estas circunstancias se reflejan en su forma de vestir, como una punki, en las peleas con las compañeras que le suponen la amenaza de expulsión del centro y en reproches mutuos entre ella y su madre, sobre todo cuando su empleada de hogar les desvalija su casa y se lleva todas las joyas que les había regalado su padre. Para cambiar este comportamiento no han servido para nada los psicólogos. Amanda intenta acercarse a su madre, pretende ayudar en casa y se hace colaboradora del hospital, pero ésta no se da cuenta. Todo se arregla cuando su madre, al final de la película, le da un beso siguiendo las indicaciones de una compañera que le había recomendado más afectividad.


El síndrome de Munchausen por poderes en A Child’s Cry for Help

La película se limita a contar, casi exclusivamente, un caso clínico del Síndrome de Munchausen por Poderes. Los créditos informan al espectador que se basa en casos clínicos actuales.La narración se estructura alrededor de la protagonista, la doctora Paula Spencer que al final establecerá el diagnóstico, de la madre causante del abuso, Mónica Shaw, y de Eric, el hijo que sufre las consecuencias de sus malos tratos. El hilo argumental se va desarrollando, según Paula avanza, hacia un diagnóstico definitivo de la causa de la enfermedad del niño y de su extraña evolución. La cinta recoge multitud de aspectos característicos del síndrome de Munchausen por poderes.

El primero de ellos es la existencia de un abdomen agudo con síntomas atípicos en un niño que ingresa en urgencias de un hospital (foto 13). Tan atípico es que debajo de una aparente urgencia quirúrgica sólo subyace “una inflamación intestinal con aumento de la vascularización”. Pero eso no es todo, tras la intervención el niño no sólo no mejora sino que presenta unos inexplicables episodios de bacteriemia (foto 14) producidos por dos microorganismos, raros en un paciente totalmente inmunocompetente, y además de un origen presumiblemente oral. Por si esto fuera poco y cuando el niño mejora por los antibióticos, sin ninguna causa que pueda explicarlo hay un nuevo episodio de bacteriemia, en este caso por una bacteria a la que la cinta le adjudica un origen fecal. Del último cuadro bacteriémico, el que aparece por el descuido del vigilante, no se menciona ni el agente ni el origen, la trama en este momento ya ha conseguido en el espectador lo que quería.

Como suele ocurrir en la realidad, el origen del abuso está es la madre del maltratado. Mónica presenta una personalidad histriónica, es inteligente, segura de sí misma, amable y convincente, seductora, tiene una sonrisa fácil y busca la amistad del personal del hospital. En general consigue este objetivo pues las enfermeras piensan que es una madre excelente y abnegada, una esclava de su hijo (foto 15). Por ello cuando la doctora Spencer consigue que sea separada del niño, éstas se ponen en su contra y le crean problemas, una de ellas llega a comentar a Eric que su madre no puede ir a visitarle, provocándole una “pataleta”. El único profesional del hospital en contacto con el niño que no cae totalmente en sus redes es Paula. Hay una serie de hechos de Mónica que se van acumulando y que de forma imperceptible, pero progresiva, la llevan a desconfiar totalmente de ella. Se extraña de su empalagosa amabilidad, de que manipule el gotero de su hijo (foto 8), de que se acuerde de todas sus enfermedades, de que se tumbe en su cama (foto 16) y de que no lo deje solo ni un momento. Antes de llegar a esta situación, Mónica la lleva a su terreno en más de una ocasión, consigue que ordene el traslado de Eric a su planta para que sea ella la que se ocupe personalmente de él y no otro médico y también, hábilmente, que se la permita acceder a su habitación tras ser aislado. Al final, Mónica se sorprende de no haber conseguido la amistad de la doctora y muestra un carácter violento y firme. La seguridad que muestra al comienzo de la vista judicial se viene abajo cuando se descubre su “historia verdadera”.

El abuso que produce a su hijo es crónico, recidivante y de distinta índole. El primero que se muestra, desapercibido para el espectador pues lo identifica con una enfermedad natural, se traduce por el cuadro abdominal comentado, con él Mónica consigue lo que pretende, por un lado que Eric sea ingresado en el hospital e intervenido quirúrgicamente y por otro, entrar en un contacto permanente con el personal sanitario. Cuando Medow describió el síndrome, unos de los síntomas del abuso que comunicó fueron los abdominales3. En la cinta no se menciona cómo Mónica produce los síntomas, dolor y fiebre, con los que consigue que su hijo sea ingresado en el hospital, pero presumiblemente, por lo que se descubre posteriormente, lo logra, al menos en parte, administrándole un laxante. La fiebre es un signo inventado. Sus siguientes actuaciones puede cometerlas porque siempre está en el hospital con su hijo y las enfermeras confían en ella, los realiza inoculando saliva en la vía venosa del chico y más tarde material fecal. Para poder seguir perpetrando los malos tratos tranquilamente, no duda en inocular su saliva en la vía venosa del compañero de habitación de Eric para que al provocarle una bacteriemia sea trasladado a otro cuarto.

Su capacidad de hacer daño se debe a sus conocimientos médicos, es hija de un médico y en la vista confiesa que sabe manejar un gotero, en la película se ve cómo lo hace y se vislumbra cómo inocula en la vía venosa su saliva. Mónica es una mentirosa compulsiva, oculta a propósito parte de sus datos personales. Cuando un médico realiza la historia clínica de su hijo le informa que ha vivido en Tucson y Phoenix, hecho que niega en la vista judicial, donde se descubre, por los dibujos de Eric, que en realidad proceden de Seattle. Al comienzo comenta que es viuda, pero en realidad esta divorciada y fue abandonada por su marido. Eric no es el primer hijo al que maltrata, doce años atrás tuvo, siendo soltera, su primer hijo que murió a los nueve meses por una perforación intestinal originada por abuso de laxantes. Este tipo de drogas se encuentran entre las más usadas en el maltrato de este síndrome.

No obtiene ningún beneficio de su conducta, salvo el psicológico de estar en contacto con el personal sanitario del hospital. Se vislumbran los motivos que condiciona su condición de maltratadora, “trastorno ficticio por poderes”, de niña sentía pasión por su padre que por su trabajo no le hacía demasiado caso, de esta forma comenta que para poder estar con él simulaba ponerse enferma, padecía un síndrome de Munhausen.

En cuanto al maltratado es un niño de ocho años que muestra una actitud afectiva con su madre. Su ingreso hospitalario con el que comienza la acción película es el primero en Denver, pero entre 1989 y 1994 fue ingresado veintiséis veces en Seattle por dolor abdominal a consecuencia de la administración de laxantes. Por este detalle, la película deja entrever que su madre le ha presionado para que no cuente sus anteriores ingresos, hecho característico del síndrome5. Un niño de ocho años no puede olvidar los veintiséis ingresos como le comenta a la doctora Spencer cuando le interroga y no a La Aguja Espacial (Space Leedle) del Seattle Center.

¿Cómo llega la doctora Spencer a establecer el diagnóstico del síndrome de Munchausen por poderes?, indudablemente por una buena capacidad de observación que le lleva a preguntarse muchos porqués. Se enfrenta a un niño con un abdomen agudo de síntomas atípicos que cuando parece que está controlado presenta complicaciones, episodios de bacteriemia, inexplicables, para colmo su compañero de habitación también presenta un episodio de bacteriemia (foto 17). Esto la lleva a sospechar que las complicaciones son provocadas, pero no piensa que el culpable pueda ser la madre de Eric. La sospecha de que son inducidas se confirma cuando el niño presenta un nuevo episodio bacteriémico, pero esta vez de otra etiología.

La actitud de la madre le hace pensar que hay algo extraño. Busca lo que es en la biblioteca del hospital y se lo confirma un psiquiatra de Boston, lo que buscaba se llama y es el síndrome de Munchausen por poderes. Confirma el diagnóstico por la “prueba de la separación”, pero la película hábilmente resalta que hay que hacerla bien evitando que el perpetrador pueda acercarse de cualquier forma al maltratado. Así, el niño recae porque su madre entra en su habitación cuando el vigilante lee a la puerta de la habitación durante la noche. Una buena investigación puede resolver dudas o explicar datos atípicos, como se pone de manifiesto en la película, Mónica había tenido un hijo anterior al que maltrató y el abuso perpetrado a Eric se había prolongado en el tiempo.

En este segmento narrativo de la trama, se pone de manifiesto la necesidad de un equipo multidisciplinario, que incluya psiquiatras y personal de Departamentos de Servicios Sociales, para el manejo de estos enfermos. Este último hecho implica la necesidad de comunicar estos casos, como cualquiera de malos tratos infantiles, a las autoridades. Además, incide sobre la prudencia y la necesidad de un diagnóstico seguro tanto por las posibles demandas judiciales como por los daños de distinta índole que se pueden producir si los presuntos perpetradores no lo son en realidad. Una prueba de separación mal realizada casi le da la razón a la madre de Eric en la vista judicial.

El abuso cesa con la separación del niño, pero hay que preguntarse con quién puede irse seguro el pequeño y cuáles serán las consecuencias físicas y/o psicológicas derivadas de los malos tratos y de su autor en un futuro, comentarios que en parte y acertadamente recoge la película. Muchos maltratadores que sufren “trastorno ficticio por poderes” padecieron en su infancia un síndrome de Munchausen por poderes o un síndrome de Munchausen como la coprotagonista de la cinta.


Conclusiones

A Child’s Cry for Help es una excelente película. Como otras películas realizadas para la televisión7,8 constituye un magnífico documento a la hora de reflejar una condición sanitaria. Indudablemente desde un punto de vista educativo de cara al síndrome de Munchausen por poderes es superior a El sexto sentido y a Llamada perdida.


Referencias

  1. Schreier H. Munchausen by proxy. Curr Probl Pediatr Adolesc Health Care. 2004; 34:126-143
  2. Galvin HK, Newton AW, Vandeven AM. Update on Munchausen syndrome by proxy. Curr Opin Pediatr. 2005;17:252-257
  3. Medow R. Munchausen syndrome by proxy: the hinterland of child abuse. Lancet. 1977; 2:343-345.
  4. Asher R. Munchausens Syndrome. Lancet. 1951; 1:339-341
  5. Awadallah N, Vaughan A, Franco K, Munir F, Sharaby N, Goldfarb J. Munchausen by proxy: a case, chart series, and literature review of older victims. Child Abuse Negl. 2005; 29:931-941.
  6. Vennemann B, Perdekamp MG, Weinmann W, Faller-Marquardt M, Pollak S, Brandis M. A case of Munchausen syndrome by proxy with subsequent suicide of the mother. Forensic Sci Int. 2005 Sep 14; epub 2005 Oct 5. doi:10.1016/j.forsciint.2005.07.014
  7. Cañizo Fernández-Roldán A del. El experimento Tuskegee/ Miss Evers’ Boys (1997). Estudio de la evolución de la sífilis en pacientes negros no tratados. Rev Med Cine. 2005; 1: 12-16.
  8. Merino Marcos, M L. La parálisis cerebral en el cine. Rev Med Cine. 2005; 1: 66-76.

Foto 1: la madre de Kyra envenena la comida de su hija

Foto 2: una niña tras la agresión producida...

Foto 3: ... por su hermana asmática con un objeto punzante

Foto 4: la doctora Spencer

Foto 5: Mónica, la madre causante del abuso

Foto 6: Eric el niño maltratado

Foto 7: la perpetradora intenta ganarse a la doctora regalándole un plano de Denver

Foto 8: Mónica manipula la bomba de perfusión intravenosa de su hijo

Foto 9: Paula, en el departamento de Servicios Sociales

Foto 10: empieza la vista judicial

Foto 11: burlando la prueba de separación

Foto 12: la pista, la Aguja Espacial del Seattle Center

Foto 13: un extraño abdomen agudo

Foto 14: primer episodio de bacteriemia

Foto 15: ayudando a una enfermera

Foto 16: extraña actitud en un hospital

Foto 17: la bacteriemia del compañero de habitación de Eric