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Tanatología: algunas visiones en el cine. Muerte de un viajante (1985) y El amor ha muerto (1984)

Carla Paola Aparicio Barrenechea

Departamento de Salud. Universidad Salesiana de Bolivia, La Paz (Bolivia).

Correspondencia: Aparicio Barrenechea Carla Paola Departamento de Salud. Universidad Salesiana de Bolivia, La Paz (Bolivia).

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Recibido el 27 de marzo de 2006; aceptado el 8 de mayo de 2006


Resumen:

Es fácil comprobar los conocimientos y adelantos que la tanatología ha aportado a la sociedad. El cine, como arte centrado en el hombre, proporciona su propio análisis de la muerte. Este artículo analiza las respuestas humanas a situaciones derivadas del final de la vida, pérdidas de seres queridos, tipos de muertes, duelo individual-familiar y otros; en dos películas representativas, Muerte de un viajante/ Death of a Salesman (1985) de Valker Schlöndoff y El amor ha muerto/ L´Amour a Mort (1984) de Alain Resnais.

Palabras clave: tanatología, muerte, agonía, actitud ante la muerte, suicidio, cleptomanía.


Caminar a la muerte no es tan fácil y si es duro vivir, morir tampoco es menos

(Luis Cernuda, de “Como quien espera el alba”)


Introducción

Los objetivos principales de la tanatología son el entendimiento de la pérdida de la vida humana en sus diversas dimensiones y sus implicaciones socio- individuales, que son experiencias humanas en parte naturales y en parte construidas.

Las características centrales de la respuesta a la muerte reflejan la herencia evolutiva del hombre, como ser biológico y social, y se manifiestan en el proceso de interrupción de los lazos de apego necesarios para la supervivencia.

Las formas de muerte son muy variadas y se presentan desde diversas perspectivas en el cine. Hay muertes con gran dramatismo, naturales, accidentales, provocadas -violentas o no, derivadas de homicidios, eutanasia o suicidios-, súbitas, precedidas de supervivencias momentáneas, vidas artificiales,... El cine refleja, entre otros aspectos relacionados con la muerte, el duelo individual y/o social, y las consecuencias, a nivel simbólico y biológico, de la pérdida.

Estudiar temas de tanatología encierra gran complejidad porque se analiza al ser humano en torno a “la desconocida muerte” desde una perspectiva bio-psico-social.

Muerte de un viajante y El amor ha muerto merecen un análisis por los aspectos tanatológicos que incorporan.


Muerte de un viajante

Ficha técnica

Título: Muerte de un viajante
Título original: Death of a Salesman
País: Estados Unidos
Año: 1985
Director: Volker Schlöndorff
Música: Alex North
Guión: Arthur Miller
Intérpretes: Dustin Hoffman, Kate Reid, John Malkovich, Stephen Lang, Charles Durning, Louis Zorich, John Polito y David Chandles.
Color: color
Duración: 135 minutos
Género: drama
Productora: Bioskop Film, Punch Productions Inc., Roxbury Productions
Sinopsis: William Loman siempre soñó con el éxito para él y para su familia, pero llegado a la madurez ve que sus deseos no se han cumplido, más bien todo lo contrario, su vida es un fracaso, acaban despidiéndole de su trabajo de viajante, y sus dos hijos, en los que había puesto tantas esperanzas, son un desastre. El hijo mayor es un cleptómano, que no le soporta por sus pasadas infidelidades y el pequeño es un mujeriego fantasioso. La idea del suicidio empieza a rondar la mente de Loman.


La película es una realización para la televisión, que en España fue estrenada comercialmente. Está basada en la famosa obra de teatro homónima de Arthur Miller, que ganó el premio Pulitzer en 1949. Su primera adaptación cinematográfica se remonta a 1951 y fue dirigida por László Benedek.


El argumento

William Loman, (Dustin Hoffman), ve pasar su fracasada existencia a través de imágenes retrospectivas. Relaciona su vida familiar, laboral y social con la idea de que el triunfo y el éxito – como una constante– la impactan y cambian, incluso en lo negativo. Siempre vivió entre sueños de grandeza y de éxito en una sociedad de transición y cambios, tanto tecnológicos como morales. Para alimentar sus sueños estuvo constantemente apoyado por Linda (Kate Reid), su esposa (foto 1), pero tuvo que esforzarse mucho trabajando como “viajante”, no sólo para sacar adelante a su familia, sino también para intentar ganar prestigio, ser amado y aceptado por todos.

Sus circunstancias actuales no son buenas y le hacen perder el sentido de la realidad, mezclando hechos del presente y del pasado. Sus sueños se desvanecen cuando pasan ante sus ojos, sus realidades presentes derivadas en parte de su edad: malos resultados laborales, soledad, y cansancio. Estas circunstancias, aunque en ocasiones ofuscan sus ansias de triunfo, no determinan que renuncie a sus expectativas de éxito, pues sigue proyectando, idílicamente, un futuro en el que existe un lugar para una familia Loman triunfadora. Sigue alimentando esta posibilidad porque, además, en su mente permanece su hermano, Ben (Charles Durning), que falleció años atrás y que se le hace presente continuamente, en cada una de sus crisis emocionales y existenciales (foto 2).

Además la cruda realidad se hace patente en sus dos hijos. Biff (John Malkovich), el mayor, acaba de regresar a casa, es cleptómano y por su personalidad no consigue encontrar trabajo ni asimismo esposa (foto 3). Will se da cuenta cómo el pasado marcó una profunda huella en su hijo, no le inculcó la importancia del esfuerzo porque sólo le transmitió el valor del éxito fácil y de las apariencias. Para colmo la relación del chico con él se deterioró cuando descubrió que tenía una amante (foto 4). En cuanto al menor, Happ (Stephen Lang), no le da, ni le ha dado nunca importancia al esfuerzo y a los estudios. Tiene un modesto trabajo y es un mujeriego (foto 5).

Mientras tanto, su esposa sufre, el hogar de sus sueños se derrumba y se da cuenta que su esposo es un depresivo con claras tendencias suicidas y que sus hijos tienen un comportamiento difícil de aceptar, son lo que son y no lo que su padre deseó que fueran.

La crónica del desenlace pasa una vez más por el pasado de Will. Su fallecido hermano se le hace presente en su mente y le habla de sus triunfos y sobre los caminos que puede elegir para alcanzar el éxito en la vida. Uno de ellos, el suicidio, es el que finalmente toma Will para por fin “vivir” y experimentar los máximos deseos de su vida tras su muerte, dejar a su familia en situación óptima gracias a su seguro de 20.000 dólares. A su funeral sólo asisten su familia y Charley (Louis Zorich), su amigo incondicional, acompañado de su hijo, que en sus últimos tiempos le ayudó económicamente (foto 6).

Will no pudo asistir al cumplimiento de que uno de sus sueños, que se realizó cuando su esposa el día de su entierro saldó, por la mañana, la hipoteca de su casa y ahora el duelo de su familia es el no poder compartirlo con él, que tanto luchó por conseguirlo. Así, aún después de la muerte del “viajante”, la frustración en unos y las expectativas en otros, repercuten en cada miembro de la familia Loman.


La tanatología

En Muerte de un viajante se abordan diferentes temas tanatológicos: la muerte social, la psicológica, las conductas suicidas, el suicidio, la pérdida, el pre-duelo y el duelo.

La muerte social se aprecia en la pérdida paulatina del prestigio profesional que William tenía ante su empresa, que primero deja de incentivarlo económicamente y finalmente lo despide. Para mayor desgracia queda en una situación económica lamentable. La pérdida del empleo le ocasiona una gran depresión, es el comienzo de la destrucción de sus castillos de triunfo construidos con arena, que le conduce a consumar su muerte biológica.

Las distintas concepciones de la vida y la muerte dependen del contexto histórico y cultural, de las posibilidades de resolver las necesidades en el entorno físico, del grado de desarrollo social y de las diversas visiones de las experiencias cotidianas1. En la película se aprecia que el mundo contemporáneo del protagonista está hecho de fragmentos de épocas anteriores que se yuxtaponen y entremezclan con elementos nuevos. Cada sociedad asume lo nuevo sobre la base de lo viejo y es capaz de incorporar, más o menos, aportaciones de otras sociedades. En ese sentido la empresa para la que trabajó durante años al decidir prescindir de sus servicios le ocasionó un gran desamparo ante sus posibilidades de existir y no existir.

La muerte psicológica es el “…conocimiento subjetivamente cierto que se suscita en un momento concreto de la vida de que voy a morir…”2. Por lo tanto, la muerte psicológica puede preceder a la muerte biológica en diversos tiempos cronométricos y es la percepción de amenazas de las cosas que nos pueden suceder.

Will, tras perder su empleo, analiza su vida y la de su familia, siente grandes amenazas y para solucionarlas recurre a pensamientos trágicos como el “voy a morir”.

Este tipo de muerte también está presente en Biff pues rechaza todo futuro y bienestar y además a su padre tras descubrir su adulterio, ya que lo consideró un engaño a su madre y al resto de la familia. Esta muerte se materializa en el chico en el abandono de sus estudios y de los sueños de llegar a ser un gran jugador de football. Ahora vive en un mundo que no entiende y no encuentra su vocación de ninguna forma.

Las conductas suicidas son las encaminadas a conseguir, consciente o inconscientemente, ese fin3. El protagonista de la cinta intenta de muchas formas quitarse la vida e incluso deja mensajes y pistas de su intención a sus familiares y amigos. Así por ejemplo, tiene varios accidentes de tráfico que él mismo provoca, deja incluso al alcance de su familia una cuerda anudada en el sótano como anuncio de un ahorcamiento.

Entre las numerosa definiciones de suicidio, la formulada por Durkheim4, como: “...toda muerte que resulte directa o indirectamente de un gesto positivo o negativo, realizado por la víctima misma y con conciencia de llegar a tal resultado...”, permite analizar el que William se refugie en él como última salida a sus fracasos, la pérdida de su empleo y de todos sus sueños. También se presenta como un caso típico de conflicto de valores entre el valor de la vida y el de la libertad, así como el de la fe, integridad corporal y el del honor. Siguiendo los consejos de su hermano, que se le presentan con frecuencia como ilusiones y alucinaciones, toma la decisión de suicidarse para poder rescatar el dinero de su seguro y así garantizar una vida mejor para su familia.

Dentro de las tipologías suicidas señaladas por Durkheim: el egoísta, el altruista, el fatalista y el anómico4; el protagonista encaja dentro del anómico, pues su suicidio tiene lugar como consecuencia de una crisis económica y social que le va produciendo un desequilibrio entre sus aspiraciones y sus logros, no sabe a qué puede aspirar y en qué límites ha de mantenerse.

La pérdida de Will, esposo, padre de familia y amigo, causa bastante dolor en su entorno, máxime teniendo en cuenta que su muerte es fruto de un suicidio.

El pre-duelo, definido como “…una figuración, previsión vivida, intuición dolorosa y fugaz de la muerte, pero sin que haya realmente una expectativa próxima de ésta.”5, también está presente en la familia de William. Por los diversos sentimientos que éste les transmite se encuentran con intuiciones dolorosas derivadas de su posible suicidio.

El duelo es una reacción emocional ante la pérdida de alguien o algo, que se considera muy importante para la persona2. En la película se aprecia que tras la pérdida del ser querido, la familia asume el duelo acudiendo a su entierro, pero también, reafirmando sueños y esperanzas. Linda sufre intensamente la pérdida de su esposo, no sólo viste de oscuro, sino que además le duele el alma, no puede seguir compartiendo los sueños del hombre a quien amó y sigue amando, aunque fueran imposibles. Presenta un dolor moral, ya que lo experimenta en relación con situaciones, vivencias y conflictos propios de su existencia humana6. La separación le produce abandono y soledad, no sabe qué hacer con su casa, que tuvieron que pagar durante tantos años y que ahora está casi vacía.

Biff, por su lado, intenta cambiar de vida, busca ayuda para su cleptomanía y su impulsividad, es decir, trata de encontrarse a sí mismo. Por otro lado, Happ sigue en su mundo de sueños y de fantasías de éxito. Charley, el amigo de Will, acompaña en el dolor a su familia y siente, más que nunca, que debe apoyarla y asistirla.

Por el tipo de muerte de Will, el suicidio, el duelo de su familia se clasifica dentro de los categorizados como de instalación súbita5.


El amor ha muerto

Ficha técnica

Título: El amor ha muerto
Título original: L´Amour à Mort
País: Francia
Año: 1984
Director: Alain Resnais
Música: Hans Werner Henze
Guión: Jean Gruault
Intérpretes: Sabine Azéma, Fanny Ardant, Pierre Arditi, André Dussollier, Jean Dasté, Geneviève Mnich, Jean-Claude Weibel, Louis Castel, Françoise Rigal y Françoise Morhange.
Color: color
Duración: 92 minutos
Género: drama, romance
Productora: Philippe Dussart S.a.r.l., Les Films Ariane, Films A2
Sinopsis: Tras unos meses de intensa relación, Simón muere dejando a Elizabeth sumida en un profundo dolor, pero éste se vuelve sorpresa al aparecer de nuevo vivo.


El argumento

La trama es compleja y presenta un enfoque tanatológico de perfil muy psicológico y filosófico. La acción comienza cuando Simón (Pierre Arditi) fallece (foto 7). Su pérdida produce un intenso dolor en Elizabeth (Sabine Azéma), su pareja (foto 8), y en Rozier (Jean Dasté), su médico. Este acontecimiento parece que va a poner punto final al amor entre la pareja, pero justo cuando Elizabeth está a punto de comunicar a un matrimonio amigo, el de Judith (Fanny Ardant) y Jérôme Martignac (André Dussollier) (foto 9), la muerte de su amado, éste vuelve a la vida. Esta situación produce en ellos un sin fin de preguntas sobre la vida y la muerte. A partir de este evento trascendental, que marca su vida, Simón divaga en torno a su resurrección, buscando explicarse si lo que realmente vivió era su muerte o un presagio de la misma.

Al asistir, acompañado por Elizabeth, al funeral por un amigo que se ha suicidado, Simón presta especial atención al pasaje de la resurrección de Lázaro recogido en el evangelio de San Juan. Tras el sepelio, oficiado por Judith, pastor protestante como su esposo Jérôme (foto 10), los cuatro se reúnen. Jérôme repudia el comportamiento del difunto, porque opina que nunca tendrá el perdón de Dios por haberse quitado la vida. Simón y Elizabeth analizan el sentido de la vida que ellos defienden, perder a alguien es muy doloroso y no sólo para los que viven, sino también para los que mueren.

A medida que transcurren los días, Simón siente que la muerte se le acerca. Presenta un ánimo melancólico, que debe sobrellevar con su profesión de arqueólogo. Esta situación también afecta a Elizabeth, que vive continuamente preocupada y pendiente de él. Por más que intenta animarlo, no logra hacer desaparecer, las imágenes, sonidos y melodías de muerte que le perturban.

Un día, al llegar a casa, Elizabeth encuentra que Simón está agonizando de tal forma que muere en sus brazos. En ese momento promete: acompañarlo, incluso en la muerte. Elizabeth asiste a los funerales por su amado, acompañada por sus amigos, que procuran mitigar su dolor (foto 11). A partir de este momento sólo busca poder cumplir su promesa, estar junto con Simón, aunque sea en la muerte (foto 12). Su conducta suicida la agobia hasta el extremo de cuestionarse y cuestionar el sentido de la vida sin Simón.

Elizabeth comienza a buscar la forma de quitarse la vida entrando en un duelo profundo, que afecta no sólo a su aspecto – acaba vistiendo totalmente de negro – sino también a su alma. Pide consejo a sus amigos. Jérôme le recuerda que quitarse la vida es un pecado y está muy mal ante los ojos de Dios, en cambio Judith le abre otro horizonte, cuando le confiesa que hace tiempo fue novia de Simón y que ambos intentaron quitarse la vida cortándose las venas de las muñecas. Como el intento falló, decidieron dejar su relación, pues su amor se tornó en vergüenza. Le aconseja que ella haga lo que su corazón y su alma estén dispuestos a hacer, pero por voluntad propia y no por lo que supuestamente hubiera deseado Simón. Los actos de amor pueden ser incluso aquellos que acompañen al otro en la muerte con la propia muerte.


La tanatología

En El amor ha muerto se abordan diferentes temas tanatológicos como: la muerte psicológica, la eludida, la buscada, el sufrimiento, el dolor físico, psicológico y moral, el dolor total, la agonía, el riesgo de suicidio, las conductas suicidas, el suicidio frustrado, la pérdida, el duelo anticipado o adelantado, el autoduelo y el duelo.

La muerte psicológica. Simón presenta este tipo de muerte, porque como definía Epicuro2: “…el más terrible de los males, la muerte, nada es para nosotros porque cuando nosotros somos la muerte no está presente y cuando la muerte está presente, entonces ya no somos nosotros…” debido a que los extraños acontecimientos que le ocurren, se subsumen plenamente a este planteamiento. Además piensa que tal vez Dios se ha olvidado de él o tal vez ha sido escogido para ser objeto de algún milagro misterioso, como el que hizo Jesús al resucitar a su querido amigo Lázaro. La muerte psicológica también la sufre Elizabeth. Cuando pierde a Simón, no tiene otra meta que cumplir su promesa de estar con él, pues su amor no murió. Esta muerte además de provocarle sufrimientos, desencadena en el ánimo sereno que se ha creado en ella una aceptación y una adaptación a la muerte.

La muerte eludida es aquella que se mantiene en la penumbra de la semiconciencia, soterrada y semiignorada7, en Simón, determinó la convicción, subyacente de que la muerte es lo contrario de la vida, pensando que la muerte sustraía todas sus energías, sentimientos, emociones, incluso de manera antivital.

Según Aranguren la muerte buscada se apoya en la idea freudiana de la pulsión de la muerte o impulso fanático7. De acuerdo con este concepto, Simón apropia su muerte a su propia vida, porque la experiencia de su muerte eludida y la espera de la muerte real se van disolviendo en todos y cada uno de sus momentos, plasmados en la música, penumbras y melancolía.

Tras su muerte y su retorno a la vida, Simón siente un gran sufrimiento por tener que volver nuevamente a padecer la muerte. Su estado de malestar se debe a la amenaza de la pérdida de su integridad o a la sensación de que su ser se desintegre al perder no sólo la vida sino también a Elizabeth.

El dolor físico, psicológico y moral -el dolor total- es otra constante del film. Los sufrimientos de Simón, a veces se acompañan de dolor físico especialmente antes de su muerte. El dolor físico aumenta su sufrimiento que se acompaña de una gran desesperación.

Elizabeth, por su parte, también sufre intensamente, por la pérdida de su amado. Este sufrimiento, con el dolor moral y psicológico (impotencia y rencor) que comporta, hace más fuerte el deseo de cumplir su promesa lo antes posible.

Agonía es un vocablo que procede del griego αγον que significa batalla, lucha, pugna, angustia del moribundo. Simón la sufre en dos momentos, al comienzo y casi al final de la película. Da la impresión de que en ambos casos fuera la misma agonía. La película trasfiere al espectador la sensación subjetiva de que existe dolor físico y de que está asistiendo a una agonía, pero sin saber cuánto va a durar. Está claro en estos dos sentidos, que Simón se encuentra ante un trance crítico y que se muere, presenta un desasosiego caracterizado por una extraña intranquilidad5.

Hay distintos tipos de agonía, por un lado, el de estado de extenuación, en el que el moribundo se encuentra física, mental y psíquicamente agotado, llevándole a una disminución de la conciencia en grados diversos, y por otro la agonía totalmente conciente, en la que las personas agonizantes conservan la conciencia de estar muriendo5. Simón presenta esta agonía conciente, que le permite tener vaticinationes morientium, tiene un discurso tipo éxtasis, escucha música, el sonido de las aguas, del río cerca de su casa y ve una luz muy intensa que lo abriga y llega completamente hasta él.

La agonía es presenciada por Elizabeth y deja cicatrices muy marcadas en su alma. El desasosiego que observa en su compañero le lleva a realizar la promesa de acompañarlo hasta en la muerte.

El riesgo de suicidio es la posibilidad de que una persona atente deliberadamente contra su vida. Está presente en Elizabeth y se incrementa por su deseo de morir, pues considera a la muerte como un puente de separación entre el dolor de vivir sin Simón y el estar con él en su desconocida realidad.

Las conductas suicidas presentes son consecuencia lógica de la promesa y del deseo de Elizabeth de trascender con Simón. Según avanza la trama, se van haciendo más sólidas, así empieza a comentarlas a sus amigos e incluso llega a hacerlo con su médico. Éste, con el fin de que no lleve a cabo un suicidio, le comenta algunas formas para poder hacerlo y sus desagradables consecuencias. Así le hace notar las desfiguraciones faciales que quedan en algunos intentos de suicidio con armas de fuego.

Como en muchas otras películas, se aprecia cómo los posibles suicidas recurren al médico a la hora de pedir ayuda para morir. Elizabeth lo hace porque no desea vivir con la soledad a la que fue condenada y piensa que el suicidio es una salida digna. Según Frey: “Las peticiones de ayuda para morir suponen una gran responsabilidad moral para los médicos, entran de lleno en la bioética y cada vez preocupan más a la opinión pública”2.

La apenada Elizabeth busca el suicidio, pero la película no muestra su consumación y, por lo tanto el cumplimiento de su promesa aunque induce a pensar en ellos. El espectador tiene la puerta abierta a crearse diversas posibilidades y finales.

La conducta de Elizabeth para poder llegar a un acto suicida es una larga cadena de acontecimientos, que se acompañan de muchos mensajes tanto verbales como no verbales y de diversos comportamientos, claros y directos de acuerdo con sus planteamientos en torno a la muerte.

El ser humano esta convencido de que la vida es el mayor de los bienes de los que puede disfrutar. Sin embargo en numerosas ocasiones, algunas personas parecen dispuestas a prescindir de ese bien cuando les parece que es incompatible con otros valores4. Así Elizabeth siente una enorme necesidad de prescindir de la vida, porque no le es apetecible sin la presencia de Simón.

Jérôme Martignac condena las conductas suicidas por ser indignas ante los ojos de Dios, ya que Él es quien da la vida y sólo Él la puede quitar. Contrarrestando este argumento, Judith reflexiona en torno a la pasión de Cristo. Piensa que sabiendo el suplicio que le esperaba en la cruz lo acepta. Para ella esta decisión es similar a la del suicidio, pues el Hijo del Hombre, conociendo que el resultado de los acontecimientos que ocurrirían en Jerusalén, le costaría la vida, sigue adelante con ellos.

Las Sagradas Escrituras judeocristianas consideran al suicidio como un grave pecado, en consecuencia como una falta moral y una vergüenza social. En muchos textos se presenta como un gesto de soberbia contra el Señor de la vida: “Sólo Dios tiene en su mano el alma de todo ser viviente” (Job 12,10) o “solo Él da la muerte y la vida” (1Sm 2,6; Dt 32,39). En Mt 27,5; el suicidio de Judas se sitúa entre el arrepentimiento y el desafío. En algún caso, como el episodio de Sansón, el suicidio no se presenta como un desafío al Señor, la muerte de este personaje se puede calificar de suicidio indirecto, es consecuencia de su fe y del amor a su pueblo (Jue 16,28-31)4.

En los Evangelios se pueden leer palabras de Jesús sobre el valor y sentido de la vida y de la muerte: “Quien quiera salvar la propia vida la perderá, pero quien la pierda por mí y por el evangelio la salvará” (Mc 8,35), “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15,13), “El Padre me ama porque yo mismo doy mi vida para volver a recuperarla “(Jn 10,17). Según Ravasi.: “Esa actitud de entrega y sacrificio de Jesucristo justifica el que muchas personas creyentes anhelen la muerte y la entiendan como un encuentro personal con el Señor resucitado” (citado por Flecha)4. Este hecho es recogido en muchas películas sobre personas santas, por ejemplo en Marcelino pan y vino (1955), de Ladislao Vajda, Don Bosco (1988), de Leandro Castellani, La pasión de Juana de Arco/ La passion de Jeanne d’Arc (1928), de Carl Theodor Dreyer, La Palabra/ Ordet (1955), de Carl Theodor Dreyer, etc. Es obvio que en la amplísima filmografía sobre Jesús también está presente, desde Golgotha (1935), de Julien Duvivier hasta La Pasión de Cristo/ The Passion of the Christ (2004), de Mel Gibson.

El suicidio frustrado es el que no llega a su fin aunque su responsable tenía una auténtica intención de consumarlo3. Es marcado en Judith y Simón cuando eran novios, pues llegaron a cortarse las venas de las muñecas. La cruda realidad, el verse bañados en sangre, les hizo desistir de la idea y su amor se tornó en vergüenza.

La película muestra como las pérdidas no sólo se relacionan con la muerte. Judith pierde el amor de Simón aunque él sigue vivo. Sin embargo, tras su muerte, Elizabeth le pierde a él y a su amor, de tal forma que siente que si quiere conservar a ambos, tiene que morir.

El duelo anticipado o adelantado, definido por Cobo: “…Como el proceso de vivencias, emociones, sentimientos, reacciones y defensas psicológicas que presenta una persona ante el conocimiento de la muerte próxima de un ser allegado (querido o significativo)…”5, que a diferencia del pre-duelo, hay una previsión fundada e inmediata de una próxima separación. En sentido estricto, es un auténtico proceso de duelo que se establece antes de que ocurra la muerte de un ser querido, cuando se tiene la evidencia de que es inevitable, que va a ocurrir en un determinado plazo de tiempo. Muchas veces sustituye el duelo propiamente dicho, el que se establece una vez que ha acontecido el fallecimiento del ser querido. Psicológicamente Elizabeth pasa por un duelo anticipado, se va haciendo a la idea de que va a perder a Simón en un futuro próximo, tras su primera muerte y misteriosa vuelta a la vida. La ambigüedad e incertidumbre al pensar se muere/ no se muere, son psicológicamente muy traumáticas para ella. Por todo ello se despide de él con tres confesiones básicas: te amo – perdóname/te perdono y adiós.

El autoduelo es una variedad, por cierto dramática, del duelo anticipado, es el duelo a sí mismo, lo sufre uno mismo ya que es conocedor de su próximo destino fatal5. Simón lo siente, sabe que se va a morir, dispone del tiempo necesario para ir experimentando ese irse muriendo. Lo percibe con una mística especial, pues anteriormente había muerto, lo que le permite una preparación para su muerte, no sólo personal, sino también de su vinculación con Elizabeth.

En cuanto al duelo, la reacción emocional ante la pérdida de Simón la sufren muchas personas, especialmente Elizabeth, que lo cuidaba, asistía y quería. Esa unión afectiva hace que experimente su muerte como una pérdida muy importante, lo que justifica que acompañe su duelo con un luto riguroso y con el pensamiento de reunirse próximamente con él, cumpliendo su promesa, quizá con el suicidio, al que considera un gran acto de amor.

El duelo de Elizabeth y de sus amigos se puede situar entre los de instalación progresiva5, porque Simón, a pesar de no sufrir una enfermedad mortal, vivía consternado, porque “ya había muerto” en una ocasión y estaba esperando morir de nuevo.


Conclusiones

En éstas y en otras películas sobre el tema, se puede apreciar claramente y como es obvio, que antes de que intervenga la muerte, la vida no tiene más que un carácter de provisionalidad, es susceptible de revisión, es todavía posible darle forma, sigue estando abierta. Sólo en la muerte se hace definitiva la totalidad de la vida, en ella la vida se alcanza a sí misma; la muerte incluye, resume en sí, la totalidad de la vida y por eso únicamente de la muerte recibe la vida su carácter definitivo.

Los distintos tipos de relación del hombre con la naturaleza y con la trascendencia a lo largo de la historia, determinan su autocomprensión, que lo llevan a una inquietud permanente por el sentido de la vida, sus orígenes, la orientación de su transcurrir, el más allá… la muerte, la vida.

Términos como agonía, pre-duelo, duelo anticipado, autoduelo, duelo, dolor total (integrado por el corporal, psicológico y moral), sufrimiento y otros más son muy importantes dentro de los tópicos de la tanatología, que deberían ser conocidos por parte del personal sanitario, porque la medicina actual, no sólo tiene por objeto curar enfermedades, luchando contra ellas con los máximos recursos humanos y técnicos, sino que además debe buscar la forma de conseguir que los pacientes mueran en paz, porque a pesar de los esfuerzos empleados, los ciclos vitales siguen y morir forma parte de ellos en todos los seres humanos2.

El sentido de la muerte no puede encontrarse en una consideración abstracta de la vida y la muerte, sino en la multiplicidad de relaciones y proyecciones de dichos procesos, así como de la salud y la enfermedad. Así, procesos vitales como vivir e incluso morir son complejos y se determinan a partir de un conjunto de coordenadas que deben ser valoradas, en su justa proporción, por un sistema social que intente respetar el sentido de la vida y de la muerte y que sea capaz de articular cada persona, con la única limitación de que ésta ha de respetar la vida de los demás.

Hay que considerar, como decía Séneca en sus epístolas a Lucilio, que “El bien no está en vivir, sino en vivir bien… el sabio siempre calibrará la vida en cuanto a su calidad, nunca en cuanto a su cantidad”8, algo que es plasmado por muchos medios audiovisuales incluido el cine. Así las ciencias humanas que ayudan a nacer, crecer, procrear, aliviar enfermedades, también deben procurar una buena muerte, respetando las características de persona en el sentido moral y jurídico recogidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos9.

Muchas profesiones humanas y entre ellas las sanitarias, tienen que mantener la vida y es contrario a sus principios facilitar la muerte de los pacientes, pero a veces, dejar sufrir a un ser humano, añadiendo más indignidad a la indignidad de la enfermedad, sufrimiento o pérdida, enfrenta cotidianamente la moralidad justa con la injusta, el amor recíproco con el desamor. Hasta qué punto se tiene caridad o se falta a ella ante tantas crueldades que atentan contra la vida y por qué no contra la muerte... por lo tanto los profesionales sanitarios, así como la población en general, necesitan ayuda para meditar sobre la moralidad de esta carga2, 4, 8.

En ningún momento se debe descuidar el apoyo integral -psicológico, afectivo, moral y espiritual- a las familias por parte del personal sanitario cuando su ser querido está agonizando o ya ha muerto, pero también es importante fortalecer los lazos entre los miembros de las familias, porque muchas veces el mejor acompañamiento es la verdad, la amistad y la solidaridad de los miembros de la familia entre sí.


Referencias

  1. Voladeras M. Bioética. Madrid: Síntesis; 1998.
  2. Valles R. Psicología del sufrimiento y de la muerte. Barcelona: Martínez Roca; 2001.
  3. Bruno F J. Diccionario de términos psicológicos fundamentales. Barcelona: Paidós; 1997.
  4. Flecha J R. Bioética: La Fuente de la Vida. Salamanca: Sígueme; 2005.
  5. Cobo C. Ars Moriendi: Vivir hasta el final. Madrid: Díaz Santos; 2001.
  6. Agrafojo E. Manrique B. El duelo. Modelos teóricos: Reacciones normales y patológicas de duelo. Madrid: Die Trill; 2000.
  7. Aranguren J L. La muerte en ética. Madrid: Alianza; 1987.
  8. Dworkin G, Frey R. G, Bok S. La Eutanasia y el auxilio Médico al Suicidio. Madrid: Cambridge University Press; 2000.
  9. Naciones Unidas [página Web en Internet] Nueva York: Declaración Universal de los Derechos humanos [citado 6 febrero 2006] [alrededor de 5 p.]. Disponible en:
    http://www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm

Foto 1: William y Linda Loman

Foto 2: Ben Loman

Foto 3: Biff Loman

Foto 4: Will y su amante

Foto 5: Happ Loman

Foto 6: Charley

 

Foto 7: la primera muerte de Simón Roche

Foto 8: Elisabeth Sutter

Foto 9: Judith y Jerôme Martignac

Foto 10: Judith oficia el funeral por un amigo suicida

Foto 11: en el entierro de Simón

Foto 12: la promesa de Elisabeth