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El cine como documento histórico: el SIDA en 25 años de cine

António Pais de Lacerda

Asignatura de Introducción a la Medicina, Facultad de Medicina de Lisboa, UCI Polivalente, Servicio de Medicina Intensiva, Hospital de Santa Maria, Lisboa (Portugal).

Correspondencia: António Pais de Lacerda, Servicio de Medicina Intensiva, Hospital de Santa Maria 1649-035 Lisboa (Portugal)

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Recibido el 14 de julio de 2006; aceptado el 24 de julio de 2006


Resumen:

Fue en el verano de hace 25 años cuando la sociedad en general y la comunidad científica en particular se encontraron entre sus manos con una enfermedad desconocida hasta entonces, la que más tarde sería conocida como el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Los miedos y las incertidumbres iniciales, la respuesta de los diferentes grupos sociales, las batallas contra la ignorancia, las luchas por el acceso a un tratamiento, la afectación de los individuos enfermos y su entorno han sido frecuentemente reflejados en diversos largometrajes que por haber sido realizados durante el tiempo de la epidemia pueden ser considerados como verdaderos documentos históricos, merecedores de estudio por las generaciones venideras. Películas como En el filo de la duda/And the Band Played On, Compañeros inseparables/Longtime Companion, Common Threads: Stories from the Quilt, Las noches salvajes/Les Nuits Fauves, Angels in America, Yesterday y My brother...Nikhil, entre otras, marcan un cuarto de siglo de la historia del SIDA para que el mundo no se olvide.

Palabras clave: SIDA, VIH, antirretrovirales, historia de la medicina, cine.


“This is not a political issue. This is a health issue. This is not a gay issue. This is a human issue. And I do not intend to be defeated by it.”

Roger Gail Lyon (En el filo de la duda/And the Band Played On, 1993)


El cine y la historia

Para los historiadores positivistas coetáneos de los comienzos del cine, entre los que destacan Charles Victor Langlois y Charles Seignobos, “la historia sólo se hacía con documentos”, que eran en aquel momento fundamentalmente escritos. Partiendo de ellos se podía proceder a la reconstrucción de los hechos históricos.

Por eso, cuando los hermanos Lumière filmaron en 1895 la salida de los obreros de una fábrica, grabaron la vivencia del momento, pero además el mundo de la documentación histórica había ganado un instrumento de registro hasta entonces insospechable. A partir de entonces nunca se podría separar el cine de la historia.

Sin embargo, más allá de su función de mostrar imágenes de hechos, modos de vida, o incluso sentimientos propios de la época recreada, ficticios o reales, el cine se erigió en un arte pro-activo en la medida en que conseguía simultáneamente modelar mentalidades, dominando el corazón y la mente, actuando de este modo, también, como agente transformador de la conciencia social y constructor de la historia.

Cuando se hace una película recreando hechos del pasado, se examinan los conocimientos históricos para intentar una reconstrucción lo más fiel posible (preocupación histórico-científica), pero además se introducen los elementos de ficción necesarios que con frecuencia traducen una reflexión crítica más o menos condicionada por la ideología de los realizadores (directores, guionistas o productores) o social preponderante. Son múltiples los ejemplos de películas que recrearon figuras brillantes o momentos peculiares de la Historia de la Medicina como: La tragedia de Louis Pasteur/ The story of Louis Pasteur (1935), de William Dieterle, Docteur Laennec (1949), de Maurice Cloche, Despertares/ Awakenings (1990), de Penny Marshall, Lorenzo’s oil (el aceite de la vida)/ Lorenzo’s oil (1992), de George Miller; o Kinsey (2004), de Bill Condon. Todas ellas fueron realizadas a posteriori con la preocupación de mantener el grado necesario de coherencia y objetividad históricas pero incorporando numerosos elementos de ficción.

Es infrecuente, aún, poder utilizar el cine, con excepción de las películas documentales, para mostrar el pensamiento predominante (evolutivo) de la sociedad ante una enfermedad y la respuesta médica activa o pasiva en el contexto temporal de la realidad vivida en el momento.

La publicación el 5 de Junio de 1981 en Morbidity and Mortality Weekly Report, de un informe sobre cinco casos de neumonía por Pneumocystis carinii aparecidos en hombres jóvenes previamente sanos, en aquel momento la infección subyacente se desconocía1, fue el inicio de una nueva era que estaría marcada por vivencias y relaciones interpersonales completamente diferentes a las que ocurrían anteriormente. Se vivieron momentos de pánico y de luto, pero también de desafío social y político. En ese verano de hace 25 años había surgido la punta del iceberg de la epidemia de SIDA que rápidamente se expandió por todo el globo.

El cine en este caso no necesitaba recrear el pasado. Hablando de SIDA el cine está, en cada momento, revelando el presente, mostrando las ansias y las esperanzas, enseñando a reaprender las vivencias del placer.

Las películas cuyos argumentos tratan sobre el SIDA constituyen una documentación viva de la historia de una de las epidemias más devastadoras de la medicina contemporánea con trágicas repercusiones para el siglo que hemos comenzado.

El objeto del presente trabajo es visualizar los primeros 25 años del SIDA a través del cine, de algunas películas solamente, no se ha pretendido en ningún momento elaborar una lista exhaustiva de filmes en los que el SIDA ha jugado algún papel, enumeraciones más completas se pueden encontrar en otras fuentes2. Las cintas analizadas se han ordenado, dentro de lo posible, de acuerdo a la época a la que hace mención su trama. Son películas que revelan algunos de los principales aspectos médicos, psicológicos o sociales y que pueden ser consideradas como representativas de los primeros 25 años del SIDA. Son producciones realizadas casi coincidiendo con la época de los acontecimientos reales o ligeramente desfasadas en el tiempo. Todas se han unido a textos y acontecimientos de la época o de problemas de interés actual (una relación de los hechos históricos del SIDA se puede encontrar en las referencias 3 y 4). En conjunto, estas cintas pueden considerarse como el retrato histórico del primer cuarto de siglo de la historia del SIDA.

Volver a verlas es revivir 25 años de nuestro más reciente pasado intentando buscar mejores caminos para tiempos futuros.


1.- Antes de 1980 – El silencio de lo desconocido

Se desconoce el número de casos de SIDA que pudo haber en los años 70. Sólo se sabe que la infección por el entonces desconocido virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) se estaba propagando. La muestra más antigua de sangre contaminada data de 1959 (Leopoldville, Congo).

Viendo Woodstock (1970), un documental realizado por Michael Wadleigh sobre los tres días del legendario festival de música de 1969, se pueden entender las vivencias de la juventud inquieta de los años 60/70. Gay Sex in the 70s (2005) de Joseph F. Lovett es otro importante documental recientemente realizado que revela la cultura gay de la época preSIDA en Nueva York.


2.- 1981-1986 – El asombro. Investigaciones urgentes

La aparición de algunos casos de sarcoma de Kaposi en individuos jóvenes gays de Nueva York (marzo de 1981), seguida de la publicación de los otros de neumonía por Pneumocystis carinii en California y Nueva York, desencadenó unos años de ansiedad y dolor en este colectivo que, además de sentirse atacado por una enfermedad mortal, fue aun más discriminado por el resto de la sociedad.

El 11 de Noviembre de 1985 la cadena norte-americana NBC presentó la primera película hecha para la televisión sobre el SIDA, An Early Frost de John Erman. Esta producción fue preparada durante casi dos años con la intención de no herir susceptibilidades intentando, sin embargo, encontrar puntos de interés en los teleespectadores que nunca se hubiesen imaginado tocados física o emocionalmente por la enfermedad. La información que ofrecía sobre las vías de transmisión de la infección fue correcta y, además, eliminaba los miedos infundados a contaminaciones masivas y a fallecimientos inmediatos.

La acción de Compañeros inseparables/ Longtime Companion (1990) de René Norman, cuyo guión se basaba en la obra de teatro homónima de Craig Lucas, comenzaba con la publicación en el New York Times, el 3 de julio de 1981, de una noticia sobre “una rara enfermedad que afectaba a los hombres gays”. Las idílicas imágenes iniciales de felicidad, inocencia y libertad de un mundo preSIDA en Fire Island son seguidas por la historia del impacto de la nueva infección en las vidas de un grupo de jóvenes amigos, aparentemente sanos y con éxito en la vida. La cinta muestra una escena de amor de gran ternura y dolor, el momento de la muerte de Sean (Mark Lamos) acompañado por su compañero David (Bruce Davison), una lección para recordar por todos los que pasan por circunstancias semejantes, independientemente de la enfermedad que cause el fallecimiento del ser querido. Desde el punto de vista médico, las actuaciones que recoge la cinta son muy realistas y propias de los conocimientos científicos de la época, donde las teorías abundaban y marcaban a la sociedad, pero la ciencia sólo estaba dando sus primeros pasos.

Sin ser películas propiamente sobre SIDA, vale la pena recordar dos largometrajes de esos años:

Miradas en la despedida/ Parting Glances (1986), de Bill Sherwood, basada en la complejidad de las relaciones interpersonales y de amistad independientemente de las preferencias sexuales. Narra las últimas 24 horas de dos individuos en Greenwich Village (Nueva York) a mediados de los años 80 antes de que uno de ellos se desplazara a África. El SIDA ya era entonces una realidad. El propio director, Bill Sherwood, moriría de esta enfermedad y esta película es su obra prima y única.

The Trip (2002), de Miles Swain, habla de la problemática político-social existente entre los años 1973 y 1984, sobre aspectos vivenciales del amor, de la honestidad y del coraje en un mundo hostil. La infección por VIH marca la película del mismo modo que lo hizo realmente en la época en la que transcurre la acción.

En esos primeros años el SIDA recibió diversos nombres, muchos de ellos lo relacionaban con la homosexualidad, como Gay Compromise Syndrome, Gay Related Immune Deficiency o GRID, Gay Cancer y otros con sus características clínicas Community Acquired Immune Dysfunction. En julio de 1982 en una reunión celebrada en Washington, surgió finalmente el acrónimo AIDS o SIDA en muchos países de idiomas de raíz latina, formado por las iniciales de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. En septiembre de ese mismo año el síndrome sería definido por el Centers for Disease Control (Atlanta, Estados Unidos). En 1983 Luc Montagnier aisló el LAV (virus asociado a linfadenopatías), más tarde conocido por VIH y que Robert Gallo identificó como el causante del SIDA. Las vías de transmisión del virus fueron reconocidas. La estigmatizante enfermedad de las cuatro haches – (las haches iniciales de los grupos sociales donde se habían detectados más casos de la enfermedad: homosexuales, heroinómanos, haitianos, y hemofílicos, éste se había añadido en 1983) pasaba de estar relacionada con ciertos grupos a ser entendida como una enfermedad vírica con una epidemiología propia, siendo un riesgo para toda la sociedad (1985).

Este período de gran turbulencia política –años de la administración Reagan–, científica y social se encuentra bien retratado en En el filo de la duda/ And the Band Played On (1993), de Roger Spottiswoode. Esta película, que se basó en el libro documental homónimo de Randy Shilts, presentó el notable trabajo de campo de tipo epidemiológico llevado a cabo para buscar el inicio de la infección a través del estudio de los contactos sexuales de los gays de Los Ángeles y de Nueva York (enfermo O – de “Out” of California). Shilts consideraba la existencia de un paciente cero que habría desempeñado un papel preponderante en la diseminación del virus en los Estados Unidos, pero en realidad para detectar tal paciente sería necesario retrotraerse a los años 70…

El largometraje reveló, además, los caminos de la investigación en el laboratorio para encontrar el agente causal y los juegos entre bastidores, siempre sumergidos en las rivalidades entre grupos y en la búsqueda de glorias personales. Es un film aún muy importante porque sigue mostrando cómo se hace una investigación científica, y qué preguntas se hacen los científicos en situaciones similares, ¿Qué pensamos? ¿Qué sabemos? ¿Qué podemos probar? Las mismas que se hicieron frecuentemente los investigadores de Atlanta, y que se pueden mantener largo tiempo sin respuesta.

Estábamos ya en 1985 cuando se comercializaron las primeras pruebas para la detección de anticuerpos frente al VIH, iniciándose el estudio de la sangre de todas las donaciones.

El pánico y los prejuicios eran las nuevas epidemias que se juntaban a la provocada por el propio virus. La administración norteamericana incitaba a la calma a la población porque decía: “la epidemia se encuentra confinada a los gays y a los tóxico-dependientes de drogas inyectables”, pero el número de infecciones continuaba creciendo entre los heterosexuales, las mujeres y los niños.

La Mosca/ The Fly (1986), de David Cronenberg se ha considerado una metáfora del SIDA porque muestra la pérdida del control del individuo sobre su cuerpo y su espíritu y la fobia contra la enfermedad. En They live (1988), de John Carpenter, se llegaba a plantear que ¿si al menos se pudiese reconocer a los portadores del virus a través de unas gafas especiales? En Navigator: una odisea en el tiempo/ The Navigator: A Mediaeval Odyssey (1988), de Vincent Ward, seguramente hay otra metáfora sobre esta enfermedad cuando se señala ¿Qué podremos hacer para librarnos del riesgo de la peste negra?, relación entre la peste del siglo XIV y del XX. Alien 3 (1992) de David Fincher es otra metáfora del SIDA, pues la parasitación del “alien” que sufre Ellen Ripley (Sigourney Weaver) es similar a la del VIH. El alien puede ser tomado como el virus. Zero patience (1993), de John Greyson, es una comedia musical radical, irreverente, sobre las actitudes ante la enfermedad y la transmisión del VIH.

Este año, 1985, estuvo marcado por la muerte de Rock Hudson, famoso galán de la gran pantalla y la primera figura pública que marcó el rol de todos los que ya habían fallecido.

En septiembre de 1986 fue introducido el AZT (zidovudina), el primer fármaco activo frente al VIH cuya aprobación para terapia del SIDA se produjo en 1987. El AZT había sido sintetizado en 1964 para ser utilizado como antineoplásico campo para el que demostró una absoluta ineficacia. Se iniciaba una nueva fase en la historia del SIDA, la de la terapia antirretroviral y la posibilidad de supervivencia.

Al final de este año, el número de casos de SIDA comunicado por la OMS (85 países) era de 38.401, el 83%, entonces, en América.

Angels in America (2003), de Mike Nichols, adapta para la televisión las dos obras teatrales que Tony Kushner estrenó en 1990 y 1992. Esta miniserie mostró a las nuevas generaciones aspectos del SIDA propios de los años 80, que en términos generales pueden ser considerados todavía actuales, si bien los avances en el tratamiento han modificado el pronóstico de la enfermedad. Sus 6 horas de duración, que conjugaron realidad y ficción, consiguieron interesar y alertar a muchos jóvenes sobre el problema del SIDA, que cada vez iba siendo más minimizado por un amplio sector de esta población. Las vivencias y emociones de los jóvenes actuales son similares, cuando no idénticas, a las de los que sufrieron el impacto de las primeras noticias sobre el SIDA, pero como la enfermedad está frecuentemente en los medios de comunicación, seguramente muchos la olvidan en el día a día.

La película narra la historia de dos personajes que padecen la enfermedad, Prior (Justin Kirk) y Roy Cohn (Al Pacino). Prior es un joven que ha sido abandonado por su compañero sentimental, Louis (Ben Shenkman), por miedo a su enfermedad y cree enloquecer cuando es visitado por sus antepasados y es escogido por los ángeles para ser un profeta de la humanidad, ¿alucinaciones febriles?, ¿alucinaciones inducidas por la medicación? o ¿realidades? Roy Cohn es un personaje real que murió en 1986, era un conocido abogado y un influyente político McCartista. Su vida había sido llevada ya con anterioridad a la pequeña pantalla, en concreto en 1992 en Ciudadano Cohn/ Citizen Cohn, de Frank Pierson. Cohn niega su enfermedad, se refiere a ella como si se tratase de un cáncer hepático y es atendido por Belize (Jeffrey Wright), un enfermero gay afro-americano amigo de Prior y de Louis, que resiste a las tentativas de Cohn que intenta manipularle como habitualmente hacía con el sistema. Simultáneamente la película sigue las desventuras de Harper (Mary-Louise Parker) y Joe Pitt (Patrick Wilson), y de Ana (Meryl Streep), la madre de este último, una familia mormona cuyos integrantes intentan conjugar sus vidas con su fe. En una mezcla de cruda realidad y de fantasía milagrosa. Angels in America apela a un cambio radical de conceptos y preconceptos en un mundo aparentemente abandonado por Dios, repleto de rechazos y de pérdidas, cuyo sentido puede ser descubierto a través de la implicación y de la compasión.


3.- 1987-1994 – La lucha. La movilización global. La enfermedad y la muerte

El VIH continuaba su propagación entre los menos informados. Se imponía luchar para conseguir una correcta información y un acceso fácil y rápido a los tratamientos disponibles. A los infectados la investigación en antirretrovirales les parecía demasiado lenta habida cuenta de la rapidez de la evolución de la enfermedad. En el Reino Unido se inició la campaña: AIDS: Don’t die of ignorance. Simultáneamente se fundó la AIDS Coalition to Unleash Power o ACT-UP, que con su lema “Silencio, igual a muerte” pretendía terminar con la crisis del SIDA con un acceso a una medicación más barata, la necesaria educación de la población y la prohibición de la discriminación a los portadores del VIH y a los que sufrían la enfermedad.

Fue un momento en que además era necesario revelar las historias de dolor y de pérdida, revelando al mundo un sin fin de emociones. En San Francisco, Cleve Jones realizó el primer mural, en memoria de Marvin Feldman, para el AIDS Memorial Quilt – “a quilt of life” como se refirió K. Bishop en el New York Times del 5 de Octubre de 1987. El documental Common Threads: Stories from the Quilt (1989) de Rob Epstein y Jeffrey Friedman mostró el impacto devastador que el SIDA tenía en aquella sociedad. Dar la cara a la epidemia la vuelve humana.

En 1987 el escritor cubano Reynaldo Arenas (1943-1990) presentó síntomas del SIDA y la enfermedad le fue diagnosticada. Durante los años 60-70 había sido perseguido por el régimen homofóbico de Fidel de Castro y en diciembre de 1990 se suicidó en Nueva York a causa de su padecimiento. Antes que anochezca/ Before night falls (2000), de Julian Schnabel, narra su vida en la Cuba posrevolucionaria, su años de prisión y más tarde los de convivencia con el SIDA en Nueva York. Es una película basada en la autobiografía del escritor por lo que muestra una visión individual, con algunos errores históricos y el ofuscamiento natural de quien vive y relata su mundo y su entorno.

A pesar del activismo de algunos, la prevención se reveló ser más lenta que la transmisión del virus. En el inicio de la década de los 90 se estimaba que existían ya cerca de 500.000 portadores del VIH en Europa y en Asia, cerca de 2.000.000 en América y más de 5.500.000 en África.

En 1991 se estrenó en San Francisco Angels in America: A Gay Fantasia on National Themes, Part One: Millennium Approaches escrita en 1990 por Tony Kushner, que ganaría el Premio Pulitzer de Teatro en 1993. En 1992 vería la luz la segunda parte Perestroika (Angels in America: A Gay Fantasia on National Themes, Part Two: Perestroika). Estas dos obras exploran el estado de la nación en relación a cuestiones socio-políticas, raciales, religiosas y sexuales durante los años de la presidencia de Ronald Reagan mientras la epidemia se extendía. Su adaptación al cine como se ha mencionado se llevó a cabo once años más tarde.

Con relación al SIDA, en los primeros años de la década de los 90, el cine contó historias personales, de esta forma consiguió que el público entendiera mejor las reacciones individuales y las vivencias de los que se encontraban infectados. La ignorancia que existía en la sociedad generaba un miedo y un rechazo desmedido frente a los individuos infectados, muchas veces en sus propias familias.

Las noches salvajes/Les Nuits Fauves (1992), de Cyrill Collard, fue el primer largometraje sobre la vida de un paciente con SIDA. Se basó en la novela Les Nuits Fauves (1989) del propio realizador al que, además, se debió el guión. Contó momentos autobiográficos del director que estaba enfermo de SIDA y decidió interpretar el papel de protagonista. Cyril Collard de esta forma fue más allá del papel de un cineasta habitual. Fue el mensajero de una causa. Relató cómo en un determinado momento tuvo relaciones sexuales y no utilizó el preservativo a pesar de saber que estaba infectado por el VIH. Reveló sus paseos nocturnos de sexo fácil por la ribera del Sena. Confesó cómo fue su vida, con todas sus irresponsabilidades, sin pretender dar lecciones de moralidad, sin pedir disculpas, y mostró como ésta puede ser igual a tantas otras en aquellos años.

La película obliga al espectador a superar sus prejuicios, ideas o incluso ideales, para que el mensaje cale. La prevención del contagio debe estar en todos independientemente de lo que se haga. La consagrada revista Les Cahiers du Cinema consideró a Las noches salvajes el largometraje más perturbador del cine francés de los últimos años.

En la ceremonia de concesión de los Premios Cesar, la Academia del cine francés le otorgó el César a la mejor película del año 1993, a la mejor primera película (primera vez en simultáneo en los anales de la historia de los César), a la mejor actriz revelación (Romane Bohringer) y al mejor montaje. Infelizmente Cyril no estaba presente. Había fallecido tres días antes, el 5 de Marzo, pero dejó un mensaje grabado mientras rodaban las últimas escenas de la película en el promontorio del Cabo Espichel, en Portugal: “El mundo no es sólo una cosa estática, exterior a mí: participo en él. Se me ha ofrecido. Probablemente voy a morir de SIDA, pero ya no es mi vida: yo estoy en la vida.”

La doblemente galardonada con un Oscar Philadelphia (1993), de Jonathan Demme, llevó a la gran pantalla la problemática de la homofobia y de la discriminación de la población gay en Estados Unidos dentro del contexto del SIDA. Por su gran éxito comercial, puso en contacto a grandes sectores de la población con esta enfermedad y con la problemática que conlleva. Presentó la realidad social de una época en que el SIDA todavía era una enfermedad terminal, la eficacia del AZT era relativa y ya había resistencias demostradas, y en la que la discriminación marcaba el día a día de todos los que vivían con el virus.

Algunos de los datos clínicos que presentó Philadelphia pueden inducir a error como es el caso de considerar el sarcoma de Kaposi como un aspecto esencial para diagnosticar un SIDA, comentar con énfasis la existencia de este sarcoma en una mujer, lo que es raro, infectada a través de una transfusión, que no es la vía de transmisión más común en el sexo femenino. Más importante es, sin embargo, la presencia de algunas frases en sus diálogos que son falsos mensajes, como el que “los heterosexuales no tienen que preocuparse con el SIDA, porque es una enfermedad de los gays” o que “¡un encuentro sexual sin protección puede infectar más rápidamente a alguien si es anónimo y homosexual”!

No deja de ser curioso que Ron Vawter, que interpretó el papel de uno de los abogados, Bob Seidman, de la empresa de la cual Andrew Beckett (Tom Hanks) había sido despedido, tenía SIDA durante el rodaje de la película, un detalle real del que el público no se enteró.

1993 también fue el año de Blue, película británica dirigida por Derek Jarman (1942-1994). Sus setenta y dos minutos de película de fondo azul con voces y música llevan al espectador a un mundo de serenidad y contemplación. Es un largometraje abstracto, intensamente doloroso y es parte del testamento artístico de Jarman, que padecía la enfermedad en un estadio terminal. A causa de la pérdida de visión por una coriorretinitis por citomegalovirus, el director obligó al público a centrarse en la imagen de la palabra, transmitiéndole la emoción de la enfermedad, de su sufrimiento, de su testimonio personal.

La película india My brother… Nikhil (2005) de Onir, que ha ganado el premio del público este año en el Milan G&L Film Festival, revela cómo fue vivida la seropositividad en Goa entre 1987 y 1994. Además encara, por primera vez en la India, la cuestión de la homosexualidad como una forma de relación verdadera, real y sentida. Cuenta las desventuras de un joven que pasó de ser querido por todos gracias a su condición de campeón de natación a caer en el ostracismo más absoluto al conocer su sociedad que era portador del VIH. La respuesta social y la lucha por una educación adecuada dan a esta película una importancia extraordinaria y hace recordar la misma problemática que vivieron años antes extensas regiones de Europa y América

El verano de 1994 vio las paredes europeas invadidas por el logo del preservativo volador de la campaña: Europa contra el Sida, destinada particularmente a los jóvenes de viaje.

De hecho, durante sólo ese último año, la OMS verificó una subida del 60% en el número de casos de SIDA. La información y la prevención eran las medidas a tomar… de urgencia.

La noticia importante del año fue demostrar que el riesgo de transmisión intraparto de madres infectadas a sus hijos se reducía a la mitad si el nacimiento se realizaba por cesárea. La utilización de AZT en el embarazo reducía en 2/3 el mismo en la transmisión intrauterina.


4.- 1995 - 2006 – La prevención. Nuevos tratamientos. Vivir.

El primer día de enero de 1995, el número acumulado de casos de SIDA en el mundo había llegado al millón.

La industria farmacéutica aceleraba los pasos para obtener nuevos antirretrovirales, durante este año aparecía el primero de un nuevo grupo, los inhibidores de la proteasa. Se iniciaba la época de la infección crónica por VIH y del SIDA como una enfermedad crónica.

La prevención en sus múltiples aspectos cada vez se consideraba más como la única vía capaz de controlar la diseminación de la enfermedad. La abstinencia era razonable para algunos, para otros la fidelidad y para la mayoría el uso correcto de preservativos. Pero ¿Qué pasa con ese período de crecimiento cognitivo y emocional que se llama adolescencia cuando los adolescentes crecen cognitiva y emocionalmente? ¿Cuál es el comportamiento masculino y femenino en ese período de desarrollo?

Kids (1995), de Larry Clark, era un retrato de la realidad social de algunos jóvenes de la cultura urbana de Estados Unidos, con sus comportamientos de riesgo elevado. Muestra las implicaciones de las conclusiones del Youth Risk Behaviour Surveillance System del Centers for Disease Control: “a pesar de que los adolescentes son capaces de manifestar un elevado nivel de procesamiento cognitivo, son mucho más capaces de implicarse en comportamientos de alto riesgo o descuidados, desafiando los peligros (conducir bajo los efectos de drogas, practicar el sexo sin protección, usar drogas ilegales). Los chicos adolescentes son menos capaces de entender el riesgo y más capaces de envolverse en actividades de riesgo que las chicas”5.

Safe (1995), de Todd Haynes, es una película en que Carol White (Julianne Moore) viaja a un mundo suburbano de una enfermedad ambiental, desarrollando una alergia reactiva a toxinas visibles o invisibles que envuelven a su casa, en un día a día vacío de ama de casa de la alta sociedad californiana. Existe un paralelismo metafórico entre la patología psicosomática y el SIDA, en busca de una cura para una enfermedad inexplicable/incurable (¿?) Para estar verdaderamente seguro, controlando el cuerpo y el espíritu, ¿Tendrá necesariamente que pasar por la soledad?

En Sólo ellas... los chicos a un lado/ Boys on the side (1995), de Herbert Ross, el protagonismo lo tienen las mujeres, Jane (Whoopie Goldberg), Robin (Mary-Louise Parker), y Holly (Drew Barrymore). Mary-Louise Parker fue la primera actriz que interpretó el papel de una mujer heterosexual enferma de SIDA en un largometraje de Hollywood. Cada una de las tres mujeres, reunidas en un viaje, van descubriendo sus problemas desencadenando el apoyo de las otras, en una historia de fraternidad y de solidaridad.

El tratamiento continúa progresando. En 1996 aparece un nuevo tipo de antirretrovirales los inhibidores no nucleósidos de la transcriptasa inversa. En la 11ª Conferencia Internacional sobre SIDA celebrada en julio en Vancouver, la atmósfera estaba electrizada de excitación según se deduce de la noticia que se podía leer en Los Angeles Times del 12 de Julio, “el tratamiento agresivo con múltiples drogas convierte el SIDA mortal en una enfermedad crónica, tratable, como la diabetes”. De hecho, el tratamiento combinado pasó a formar parte del día a día de los individuos infectados, alterando su pronóstico, pero sobre todo mejorando su calidad de vida.

Alive and Kicking o Indian Summer (1996), de Nancy Meckler, presentó los obstáculos del día a día en un tiempo en que el SIDA era ya un punto de partida para afrontar el futuro con fuerza, energía, coraje y determinación para vivir.

A River Made to Drown In (1997), de James Merendino y Alan Smitheenos, cuenta de forma fragmentada los desvaríos de las frustraciones románticas de Thaddeus MacKenzie (Richard Chamberlain), un abogado anciano con SIDA con una medicación habitual, en sus últimos días. Algunos diálogos son interesantes, y se pueden apreciar, también, algunos aspectos de la prostitución masculina en los años 90.

En 1999, en una España con cerca de 20.000 casos de SIDA, tras el elevado número detectado entre 1994 y 1997, Pedro Almodóvar filma Todo sobre mi madre, una historia compleja, enraizada en la realidad femenina de los sentimientos de pérdida y amor, donde desafió los conceptos preestablecidos de familia, sexualidad y género. El amor surge como fuerza de vida en todas las relaciones, superando las maneras de ser y de pensar, los errores de la vida, el sexo deseado o incluso el padre ausente. Rosa (Penélope Cruz), está embarazada e infectada por el VIH. Su caso llama la atención por el contagio heterosexual, de hecho, en cerca del 35% de los casos de mujeres infectadas la transmisión ocurrió por vía sexual.

En el 20º aniversario del SIDA (2001), Peter Piot, recordando los primeros casos conocidos, decía: …"nunca imaginé estar viendo la primera señal de una epidemia que, en 20 años ha infectado 60 millones de personas, matado 22 millones y que alcanzaría el estatuto de epidemia más devastadora en la historia de la humanidad”6.

Mientras los resultados de las vacunas contra el SIDA no demostraban su eficacia preventiva, los tratamientos continuaban desarrollándose, en 2003 aparece el Enfuvirtida, un nuevo antirretroviral capaz de prevenir la entrada del VIH en las células humanas.

La tasa media de infección por VIH en la Unión Europea era de 25 casos por millón de habitantes, pero en Portugal esta tasa era de 104.2 casos por millón, el número más elevado de Europa, en particular debido al mantenimiento de prácticas de riesgo en el consumo de drogas por vía endovenosa. La eficacia de los programas de cambio de jeringas y de uso de metadona se demostró al comprobar la acentuada disminución de nuevos casos en 2004 en comparación con el año 2000.

En Asia el número de casos continuaba subiendo no sólo como consecuencia de la diseminación del tráfico de heroína, sino también por los grandes movimientos migratorios. En Israel, por ejemplo, después de la inmigración en masa de 1991 el número anual de nuevos casos de infección se cuadruplicó en los años siguientes.

Gan o The Garden (2003) es un documental dirigido por Adi Barash y Ruth Shatz, que se presentó en el Festival de Cine de Sundance en 2004, que entra en el mundo de la prostitución masculina en una área de Tel Aviv, donde jóvenes israelitas y palestinos se olvidan de los conflictos, compartiendo un mismo espacio de sexualidades “compradas”, en una misma realidad desesperada para una vida mejor.

En 2004 la UNAIDS crea la Global Coalition on Women and AIDS, observando la rápida feminización de la epidemia y para adecuar por tanto estrategias para responder mejor a las necesidades de las mujeres.

Yesterday (2004), de Darrell James Roodt, conduce al espectador hacia los aspectos más relevantes del SIDA en las áreas en desarrollo, la insuficiente educación para la salud, la escasez de asistencia médica y la vulnerabilidad de la mujer a la infección ante un estado de dependencia social y sexual, al que se añaden factores socioeconómicos que implican la emigración para trabajar, con la subsiguiente multiplicación de contactos sexuales, facilitándose así la diseminación de la infección. Hay que resaltar que la epidemia de SIDA en Sudáfrica es una de las más graves del mundo, sin que haya indicios de un descenso en el número de nuevos casos7 Después de un largo viaje para ser asistida, Yesterday (Leleti Khumalo) descubre que está infectada. Cuando va a buscar a su marido (Kenneth Kambule) que trabaja lejos, para avisarle y aconsejarle que se haga las pruebas es golpeada sin piedad. Poco tiempo después, su marido regresa a casa para morir, no hay sitio en el hospital, y es tratado por ella hasta sus últimos días. Yesterday, a pesar de todo, se propone firmemente vivir hasta que su hija Beauty (Lihle Mvelase) vaya a la escuela.

A pesar de todos los esfuerzos preventivos, el número de nuevos casos no para de aumentar por todo el mundo, ¡4.900.000 nuevas infecciones sólo en 2005!7. Puede parecer absurdo, pero ésta es una enfermedad en que el modo de transmisión depende mucho de comportamientos y de las emociones, los cuales, en las situaciones límite están ligadas al placer y difícilmente pasan por las vías de la racionalidad.

El SIDA se mantiene, un cuarto de siglo después del conocimiento de la enfermedad, como una afección estigmatizante y, por eso, escondida a nivel personal, de grupo, o incluso a nivel nacional, condicionando retrasos en el diagnóstico y tratamiento, o de los gobiernos, en términos de salud pública, y de los apoyos no gubernamentales en términos de fondos económicos.

A pesar de la proliferación de innumerables estudios epidemiológicos, sociológicos, y psicológicos, continúa siendo más fácil promover campañas basadas en (pseudo) valores tradicionales inapropiadas al dinamismo propio de las sociedades del siglo XXI, en un tiempo de mayor individualismo, de ciber-encuentros, de vivencias rápidas al sabor del placer, a la vez que existe una permanente reestructuración de los valores éticos individuales y sociales.

En Diciembre del 2005 se calculaba que 38,6 (33,4-46) millones de personas (entre ellas 2,3 millones de niños con menos de 15 años) vivían infectadas por el VIH7.

¡Se impone parar la epidemia! No se puede aceptar que comunidades enteras vivan de espaldas al problema.

Gran parte de las películas comentadas muestran la realidad histórica de una epidemia que ya dura un cuarto de siglo. Volver a verlas debe hacer sentir al espectador más responsable no sólo en sus actos individuales, sino también ante toda la sociedad.

Esperemos que en breve el cine pueda contar históricamente cómo se hizo realidad un sueño actual, el que descubrimientos biológicos/genéticos (?)8 puedan ser capaces de frenar la transmisión del VIH entre los humanos.


Referencias

  1. Centers for Disease Control ‘Pneumocystis Pneumonia- Los Angeles. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 1981; 30: 250-252.
  2. García Sánchez E, García Sánchez J E. Infección y cine. [CD-ROM]. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca; 2005.
  3. Avert.org [base de datos en Internet]. HIV/AIDS history and pictures [actualización de 29 junio 2006; citado 2 julio 2006 ]. The history of AIDS from 1987 to 1992; [alrededor de 10 p.]. Disponible en:http://www.avert.org/his87_92. htm
  4. Avert.org [base de datos en Internet]. HIV/AIDS history and pictures [actualización de 29 junio 2006; citado 2 julio 2006 ]. The history of AIDS from 1993 to 1997; [alrededor de 10 p.]. Disponible en:http://www.avert.org/his93_97. htm
  5. Brisbon N, Chambers CV. Neurocognitive development in adolescent males or Adolescent boys are from Pluto. Prim Care Clin Office Pract. 2006; 33: 223-236.
  6. Kapp C. Gloomy anniversary and outlook for HIV/AIDS. Lancet. 2001; 357: 1860.
  7. UNAID. 2006 Report on the global AIDS epidemic [Citado 10 julio 2006]. Disponible en: http://www.unaids.org/en/ HIV_data/2006GlobalReport/default.asp
  8. Telenti A, Ioannidis JPA (2006). Susceptibility to HIV infection – disentangling host genetics and host behaviour. J Infect Dis. 2006; 193: 4-6.


Agradecimientos

Al doctor Ricardo Varga, colega español residente de Anestesiología del Hospital de Santa Maria, en Lisboa, por su gran ayuda a la hora de traducir al español el original en portugués.