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El cine y su mirada holística y humanitaria de las enfermedades

Laura María Moratal Ibáñez

Departamento de Salud Pública. Facultad de Medicina. Universidad de Buenos Aires (Argentina).

Correspondencia: Laura María Moratal Ibáñez. Escuela de Salud Pública. Marcelo T. de Alvear 2202. 1121. Ciudad de Buenos Aires (Argentina).

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Recibido el 22 de abril de 2007; aceptado el 29 de mayo de 2007


No hay enfermedades sino enfermos. Repetimos este latiguillo con los alumnos, como si después de enunciarlo quedara el tema totalmente comprendido y nuestra conciencia tranquila. Es una frase breve, fácil de memorizar, que nos hace aparecer como los reyes del humanitarismo. Pero después los alumnos entran a la sala y escuchan cómo esa teoría se derrumba en la práctica, donde todo el personal de salud se refiere a los pacientes nombrándolos como la pancreatitis que entró ayer o la neumonía por neumococo resistente a la penicilina. Nombre de enfermedades…, de gérmenes…, de drogas…, tratamientos que se deciden cada vez más en forma generalizada, de acuerdo con diagramas de flujo que alguien hizo en algún país y nosotros copiamos a rajatabla so pena de que nos consideren atrasados, epíteto sumamente denigrante para el médico de hoy, más asustado de ser tildado de desactualizado que de deshumanizado.

Quedarse atrás, no ajustarse a las nuevas indicaciones supranacionales, al consejo del último paper, es casi cometer el delito de ser viejo, de no estar en la última onda, de quedarse en el camino… y en la carrera sin descanso por persistir, se olvidan los grandes principios. El alumno que vislumbra la inconsistencia entre la verborrea teórica que se escribe en los libros y se recita en las clases y luego no se vive en el quehacer diario, se confunde con justa razón y le cuesta a él mismo acordarse que detrás de esa historia clínica con abreviaturas y cifras hay una historia de vida, una existencia real con una problemática propia e individual. Una singularidad en el sentir y el padecer propia de su sexo, de su etnia y de su clase social como también de sus propios miedos fruto de sus experiencias. Un ser único, con una patología también única desde sus aspectos psicológicos y sociales.

No hay enfermedades sino enfermos… no es un cuento, no es sólo una linda frase, sino que es una gran verdad, incluso desde un punto de vista pragmático ya que el resultado de su profesión va a depender de que la recuerde y la traslade a la práctica diaria. Hasta los fríos números demuestran que a mayor satisfacción en la atención, se genera mayor cumplimiento y adhesión a las indicaciones1 y, por lo tanto, mejores resultados de salud medidos en menor tiempo de tratamiento, de ingreso, menores recidivas, complicaciones, absentismo laboral, gastos en salud, etc.

Por lo tanto, entender al paciente y escuchar sus problemas personales no es un lazo sobre el paquete de un buen diagnóstico y de una correcta prescripción, ya que si el profesional despierta poca confianza en el paciente, éste no cumplirá debidamente sus indicaciones y como consecuencia… las infecciones se propagan, las drogas se vuelven ineficaces, los casos se complican…. y todo el acto médico se derrumba en un fracaso que la tecnología no puede solucionar. El único camino para modificar este posible resultado es una buena escucha de los pacientes y sus circunstancias y una indicación decidida entre ambos dentro de las posibilidades reales del enfermo.

Pero ¿cómo puede abordar esta tarea el docente universitario actual, donde cada vez es mayor el número de alumnos que están en condiciones de acceder a la facultad? Por otro lado, cada vez es menos el tiempo que se puede dedicar a la docencia en sí, debido a exigencias académicas de investigación, gestión, asistencia a jornadas etc., que el docente debe cumplir para no quedar avasallado por otros que conocen y cumplen las reglas de juego. ¿Cómo lograr, con poco tiempo, transmitir algo que no es un conocimiento informativo, ni tampoco una destreza, sino una concepción ética y humana, invalorable a la hora de ejercer la profesión?

Los educadores siempre se han esforzado en encontrar alguna metodología eficiente para enseñar actitudes y en las profesiones humanitarias mucho más aún2. El olvido de esta enseñanza que otrora se trasmitía de maestro a alumno3, cuando existía una relación docente más lógica, actualmente es imposible de lograr. Es una premisa ineludible recuperar esta enseñanza, porque la formación mecanicista y técnica de las últimas décadas ha causado estragos en la relación médico paciente, que hoy se evidencia por una suma de abandonos de tratamiento, consultas a medicinas alternativas y aumento geométrico del número de juicios por mala praxis.

La utilización del cine como recurso educativo, en estos tiempos dominados por la imagen, aparece como la posibilidad más efectiva, sumado al hecho de que la enfermedad, ha sido siempre un referente permanente de los cineastas y la cantidad de filmes que abordan esta temática es realmente muy amplia e interesante4. Debemos estar muy agradecidos a los guionistas y directores de los filmes sobre temas médicos, que siempre han mostrado con claridad que la enfermedad no es la protagonista, menos aún un germen o un tóxico que jamás han sido las figuras estelares. Siempre han ocupado ese lugar las personas y la vida que desarrollan dentro de una sociedad. En un filme, el agente es sólo el emergente de una situación contextual que será la determinante de la mayor gravedad o persistencia de un mal, como también de la calidad de vida de los afectados, de acuerdo a sus posibilidades e inclusive a la mirada prejuiciosa que la sociedad tuviera de esa discapacidad o dolencia.

El cine permite tanto la incorporación de nuevos contenidos por su acción motivadora, como la posibilidad del análisis de todos los componentes que intervienen y, sobre todo, mediante un adecuado debate, el reconocimiento de la propia visión del alumno para poder identificar qué parte focaliza o cuál substrae de todos estos componentes. Hoy más que nunca es necesario en este mundo que tiende a la formación de “superespecialistas”, recuperar la visión integral de los problemas de salud, porque sólo desde esta intervención será posible encontrar solución a los males que afectan a cada comunidad.

La aplicación del cine es ideal para mostrar esta mirada holística de la salud, que a veces una educación tradicional omite o dificulta al enseñar en los primeros años al alumno visiones escotomizadas de órganos y tejidos, sin haberle mostrado primero al ser humano completo incluido en su dimensión bio-psico-social.

Un buen filme muestra en cada imagen el medioambiente socioeconómico e higiénico en que se desarrollan los hechos, así como el momento histórico que determina la forma de vivir, alimentarse, protegerse y ayudarse y la incidencia de estos aspectos en la salud de la población como también la inversa, las modificaciones de la vida cultural de los pueblos ocasionadas por las propias enfermedades, según la interpretaciones que cada cultura hizo de las mismas en base a sus creencias.

El Séptimo Arte nos permite mostrar en forma comparativa el mismo mal en diversos momentos históricos y situaciones sociales o personales, donde al alumno no le queda dudas de que el problema que ocasiona el daño puede ser la misma, pero el resultado es siempre diferente. Para ser sinceros…, los cineastas siempre han tenido bien claro estos conceptos, porque nunca se han ocupado de enfermedades, sino siempre de los enfermos, de su vida, de su lucha por sobrevivir, de sus circunstancias personales, en una lección de mirada humanitaria e integral, que los médicos por suerte podemos utilizar para nuestro beneficio en nuestra labor educativa.


Referencias

  1. Martín Alfonso L. Acerca del concepto de adherencia terapéutica. Rev Cubana Salud Pública. [serie en Internet]. 2004 [citado 27 abril 2007]; 30(4):[alrededor de 3 p.]. Disponible en:
    este artículo
  2. Wojtczak A. Medical Professionalism: a Global Headache. Educ méd[serie en internet]. 2006 [citado 27 abril de 2007]; 9(3):144-145:[2 p.]. Disponible en: este artículo
  3. Graue Wichers E. El papel del profesor y de los residentes como ejemplos de conductas a seguir. Seminario: Ejercicio Actual de la Medicina. [pagina Web en Internet]. Mexico: Facultad de Medicina UNAM; 2007 [citado 27 abril 2007] [3 p.]. Disponible en: este artículo
  4. García Sánchez JE, Trujillano Martín I, García Sánchez E. Medicina y cine ¿Por qué? Rev Med Cine [serie en Internet]. 2005 [citado 27 abril 2007], 1(1): 1-2: [2 p.] Disponible en: este artículo.