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El cine como alivio y como objetivo final

Licenciado en Ciencias de la Información. Crítico de cine durante quince años en El Diario Vasco y colaborador habitual de las revistas Fotogramas, Rock de Lux, Nosferatu y Dirigido Por. Miembro del comité de dirección y jefe de Comunicación del Festival de Cine de San Sebastián. Autor de diversos libros, entre ellos “Robert Wise” (2005) y “Películas clave del cine de aventuras” (2008).

Correspondencia: Ricardo Aldarondo. (España).

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Recibido el 10 de septiembre de 2007; aceptado el 20 de octubre de 2007


Resumen

Muchas películas han reflejado en la historia del cine la incidencia de la enfermedad y la muerte en el ser humano, desde la ficción o desde el documental. Pero además, unas pocas han establecido una relación total y veraz, casi simbiótica, entre el paciente de una enfermedad terminal y la imagen registrada. Relámpago sobre el agua/ Lightning Over Water (1979) de Nicholas Ray y Wim Wenders, y Las alas de la vida (2006), de Antonio Pérez Canet han explorado el papel de la cámara, no sólo como un elemento de comunicación del paciente para transmitir sus sensaciones en el tramo final de su vida, sino como una suerte de cuidado paliativo para el enfermo. Pero la presencia de la cámara, la filmación de esa agonía para ser convertido en una película puede provocar también algunas reflexiones íntimas y dilemas morales, en torno al terreno que se dibuja entre el documento como fuente de conocimiento, y el espectáculo que, aunque sea de modo leve o tangencial, conlleva siempre el cine.

Palabras clave: cuidados paliativos, enfermedad terminal, filmación de la agonía, representación, ética, espectáculo, tabú, amistad, entrega.

Películas como Mar adentro (2004) de Alejandro Amenábar, Las invasiones bárbaras/ Les invasions barbares (2003) de Denys Arcand o Million Dollar Baby (2004) de Clint Eastwood reflejan la situación del enfermo, sus necesidades vitales, su enfrentamiento a la muerte, los cuidados que se le aplican, la entrega de los que le rodean; y pueden plantear diferentes cuestiones acerca del sufrimiento y la muerte.

Pero en algunas ocasiones se ha producido otra relación entre el cine y el enfermo, no como relato de ficción llevado a la pantalla (aunque esté inspirado en una realidad tan cruda como la de Mar adentro) sino con la cámara misma convertida en testigo del final de un enfermo terminal. La película, la materia misma de la que está hecha el cine, se convierte en la única medicina posible para el enfermo terminal, que decide que su progresivo deterioro sea filmado y constituya la materia narrativa y documental de una película, que poco después, cuando él ya haya muerto o esté a punto de morir, encuentre un vehículo de comunicación en festivales o cines comerciales. Son casos en los que la creatividad artística, la enfermedad, la asistencia afectiva y el espectáculo, establecen unos vínculos tan interesantes como espinosos. Veamos dos ejemplos: Relámpago sobre el agua/ Lightning Over Water (1979) de Nicholas Ray y Wim Wenders y Las alas de la vida (2006), de Antonio Pérez Canet.


Relámpago sobre el agua

Ficha técnica

Título: Relámpago sobre el agua

Título original: Lightning Over Water

País: Suecia y Alemania

Año: 1980

Directores: Nicholas Ray y Wim Wenders.

Música: Ronee Blakley

Guión: Nicholas Ray y Wim Wenders.

Intérpretes: Gerry Bamman, Ronee Blakley, Pierre Cottrell, Stefan Czapsky, Mitch Dubin, Tom Farrell, Becky Johnston, Tom Kaufman, Pat Kirck, Edward Lachman, Martin Müller, Craig Nelson, Nicholas Ray, Susan Ray, Timothy Ray, Martin Schäfer, Chris Sievernich y Wim Wenders.

Color: color

Duración: 91 minutos, 116 en la versión original

Género: documental, drama

Productoras: Road Movies Filmproduktion, Viking Film y Wim Wenders Productions

Sinopsis: documental que recoge los últimos días de Nicholas Ray, a causa de un cáncer, en su casa de Nueva York

Nicholas Ray (1916-1979), director estadounidense de gran proyección en los años 50 y los primeros 60, con películas como Johnny Guitar (1954), Rebelde sin causa/ Rebel Without a Cause (1955), Rey de reyes/ King of Kings (1961) y 55 días en Pekín/ 55 Days at Peking (1963) se retiró del cine comercial por su hartazgo de la industria, y se dedicó a realizar películas más experimentales y dar clases, hasta que murió en 1979 a causa de un cáncer de pulmón.

Wim Wenders, director alemán surgido de la contracultura de finales de los 60, y uno de los nombres fundamentales del nuevo cine alemán de la época, creador de films tanto de ficción como El amigo americano/ Der Amerikanische Freund, (1977), Paris Texas (1984), El cielo sobre Berlín/ Der Himmel über Berlin (1987) o Llamando a las puertas del cielo/ Don't Come Knocking (2005) como documentales, recuérdese el musical Buena Vista Social Club (1999), admiraba a Nicholas Ray. Ambos directores se hicieron amigos dos años antes del rodaje de Relámpago sobre el agua, cuando Wenders contrató a Nicholas Ray para que hiciera un papel en El amigo americano. Cuando a Ray le diagnostican un cáncer incurable, el director americano decide renunciar al hospital y pasar sus últimas semanas en su casa, rodeado de su mujer y amigos, rodando una película que se convierte en una extraña mezcla de docudrama, ficción y representación de la realidad.

Relámpago sobre el agua está construida sobre la marcha, va cambiando sus objetivos y su argumento a medida que la enfermedad de Nicholas Ray va minando su salud. Y va planteando una serie de dilemas a Wim Wenders, que no sabe si está haciendo bien al filmar la agonía de su amigo.

En la película, Wenders llega a la casa de Ray y le dice: Me daba miedo venir a verte, porque me daba miedo verte débil. Pero hay otra cosa que me daba más miedo: pensé que podía acabar sintiéndome atraído por tu debilidad o tu sufrimiento. Y si eso ocurriera, tendría que dejarte. Para mí sería como abusar de ti o traicionarte. Nicholas Ray responde: Eso no ocurrirá (*).

Nicholas Ray en una conferencia que da cuando aún tiene fuerzas para salir de casa, cuenta cómo están preparando Relámpago sobre el agua, o lo que iba a ser inicialmente la película: La película trata de un hombre que quiere encontrarse a sí mismo antes de morir. De la recuperación de la autoestima por parte de un hombre que había tenido mucho éxito. Teniendo en cuenta que Nicholas Ray fue un director de Hollywood, que en 1963, dieciséis años antes, había dejado el cine porque no aguantaba la presión de los grandes estudios de Hollywood, parecía que esa historia hablaba de sí mismo, y que en esa película final quería recuperar su propia autoestima y su espíritu de cineasta más verdadero.

Nicholas Ray había interpretado a un pintor que falsificaba cuadros en El amigo americano de Wim Wenders. Y ahora Ray va escribiendo una historia sobre un pintor enfermo terminal de cáncer que tuvo éxito, pero no posee ningún dinero y se ve abocado a robar para sobrevivir. Wenders le dice: ¿Por qué no haces una película sobre ti?

En un momento, mantienen la siguiente conversación:

– Ray: Mi objetivo es recuperar mi propia imagen ante mí y ante el resto del mundo.

– Wenders: Mi es objetivo quedará definido por el tuyo. Mi objetivo lo determinará tu forma de afrontar la muerte.

– Ray: Eso no significa que te estés aprovechando de mí. Aunque para eso estoy aquí.

A través de la voz en off añadida posteriormente al film, Wenders reflexiona: A veces me daba cuenta de que estaba más pendiente de las cámaras, los horarios y del equipo de rodaje que de Nick. Sólo pensaba que Nick estaba sufriendo mucho, y que era mejor dejar de rodar, pero eso le hubiera hecho sufrir aún mucho más. Wenders también se pregunta: ¿Le estaba exigiendo demasiado? ¿Dónde empezaba mi responsabilidad y dónde terminaba?

A continuación se va con la cámara al hospital y sigue filmando allí, a pesar de que el estado físico de Nicholas Ray ha empeorado mucho (foto 1). Con ironía y desolación, Ray comenta: Parece que le han quitado varios componentes a mi horrible cara. Ray explica cómo le aparecieron los primeros tumores y que en la primera operación, le cerraron sin intervenirle nada, porque lo vieron muy mal.

En la última secuencia en que sale Nicholas Ray, el director aparece cantando y divagando en estado agónico, casi delirando. No sé por qué tengo que irme. Estoy empezando a babear. La cámara permanece impasible en un plano fijo ante su figura. Ray le dice a Wenders: Estoy terminando. Di “corten”. Wenders replica: No, dilo tú. Ray dice finalmente: “Corten”. Una estremecedora representación del final de la vida; el final de la película. Es un momento muy triste y conmovedor, que provoca sentimientos encontrados, de rechazo y de ternura. Podemos sentir como si estuviéramos acompañando al enfermo en su final, pero también es un espectáculo algo impúdico.

Wenders explica su propio dilema en la película: me sentía muy confuso. Cada vez que la cámara apuntaba a Nick, ocurría algo que yo no podía controlar. Nacía de la misma cámara que apuntaba a Nick. Al mirarle a través del objetivo como si éste fuera un instrumento de precisión, la cámara mostraba clara y despiadadamente que su tiempo se estaba acabando. A simple vista no podía verse, quedaba un lugar para la esperanza. Pero a través de la cámara, no. No sabía cómo tomármelo. Estaba aterrado.

En el epílogo, se ve la ceremonia de despedida del director fallecido, que consiste en llevar las cenizas de Nicholas Ray en un barco por el río Hudson. Los miembros del equipo técnico y los amigos hacen diversos comentarios espontáneamente: Buscaba un camino para la curación del cáncer. Hubiera muerto antes si no llega a ser por la película. Otro dice: Yo creo que también sufría. Y otro: En estos casos tienes que probar cualquier cosa por ayudar a alguien. Incluso hacer una película. Su muerte fue su último trabajo como director.

La película invita a hacerse diversas preguntas que no resultan fáciles de responder:

−¿El hacer esta película era para Nicholas Ray, un hombre que vivió intensamente el cine, un modo de aferrarse a la vida?

−¿Estaba buscando darse un poco más de vida a sí mismo, igual que dio vida a los personajes de sus películas?

−¿Era un modo de consumir su último aliento haciendo lo que más le gustaba?

−¿Era realmente el cine para él la única medicina posible, el único calmante para su dolor, tras rechazar cualquier tratamiento médico?

−¿Y para Wim Wenders, el amigo alemán que le acompaña en el dolor? ¿Hacer esa película era una forma de amor y de entrega, dándole la oportunidad a Ray de hacer su última película cuando ya no tenía fuerzas para ello?

−¿Se estaba aprovechando Wim Wenders de un material dramático de indudable fuerza para hacer una película insólita, que le podía dar notoriedad a partir de la muerte de otra persona?

(*) Esta cita y las que vienen a continuación corresponden a diálogos contenidos en la película Relámpago sobre el agua.


Las alas de la vida

Ficha técnica

Título: Las alas de la vida

País: España

Año: 2006

Director: Antoni Pérez Canet

Música: Carlos Cristos y Enric Murillo.

Guión: Enric Murillo y Carlos Cristos.

Intérpretes: Enric Benito, Carlos Cristos, Carmela Cristos Font, Carmen Font, Olvido González, Arantza Gorospe, Omar Karpyza y Carlos Simón.

Color: color

Duración: 90 minutos

Género: documental

Productoras: Gorgos Films

Sinopsis: Carlos Cristos y su mujer, Carmen Font, son médicos. Residen en Mallorca junto a su hija de ocho años, Carmela. Carlos ha llevado siempre una vida muy activa, con pasiones como el montañismo, o ser piloto de vuelo. Como médico ha tenido que transmitir a muchos pacientes diagnósticos muy graves y ha tenido que acompañar a algunos de ellos hasta su muerte. Su vida cambió cuando se sentó ante su propio médico para escuchar el diagnóstico: A.M.S. (atrofia sistémica múltiple), una enfermedad neurodegenerativa, invalidante y mortal. Él, junto a su familia y amigos, reclama una vida y una muerte dignas.

Premios: Premio Tiempo de Historia en la Semana de Cine de Valladolid.

Carlos Cristos es un médico de cuarenta y pico años, aficionado a la música y piloto de vuelo libre, entre otras cosas, aquejado desde hace unos años de una rara enfermedad incurable y degenerativa. Sabiendo cuál era su destino, decidió por una parte convertirse en observador de su propia enfermedad, estudiando los síntomas, las evoluciones y degeneraciones en su cuerpo. Y por otra parte, quiso dejar constancia de ese estudio y esa degradación, a través de las filmaciones que fue realizando el director de la película, Antonio Pérez Canet (foto 2).

En la película, Carlos Cristos va contando su vida, como era antes de la enfermedad y como está afrontando junto a su familia y amigos, además del equipo de rodaje, la muerte inevitable que le llegará en un periodo de tiempo más o menos corto. En la película se ven filmaciones familiares o amateurs de cómo Carlos hacía parapente; era un hombre de una enorme actividad y siempre sediento de sabiduría y conocimiento. Y también se ve la degeneración que le va impidiendo moverse, comunicarse y razonar con normalidad. Se muestra paso a paso esa vida que se va apagando, por voluntad del propio enfermo.

Como espectadores, nos sentimos conmovidos por conocer a un hombre tan interesante, al mismo tiempo que sabemos que su desaparición es inminente y que toda esa vida y esa sabiduría que se despliegan en diferentes campos, va a durar muy poco tiempo, mientras la enfermedad está provocando en él un gran sufrimiento. Es una película sencilla y respetuosa, muy veraz y conmovedora. No hay asomo de tremendismo, ni de manipulación de sentimientos, y el espectador tiene abiertas las puertas de la casa de Carlos, de sus sentimientos y sensaciones ante la vida y ante la muerte. Conmueve por la tristeza de ver a alguien con tanta vitalidad y tanta inteligencia a punto de desaparecer, pero también transmite una cierta sensación de esperanza, a pesar del inevitable final. Al igual que en el caso de Relámpago sobre el agua, en Las alas de la vida el enfermo es quien decide convertir su agonía en la materia misma de una película.

Aun así, se vuelven a plantear los dilemas:

−¿Hay algún grado de inmoralidad en convertir esa agonía, esa enfermedad terminal en elemento de alguna manera ligado con el espectáculo?

−¿Cómo se sitúa el espectador que viene a ser ‘voyeur’ de un sufrimiento ajeno y, sobre todo, real?

−¿En qué ayuda asistir casi en directo a ese deterioro final de una persona?

−¿Es para el enfermo esa obra final construida con su propia agonía, un alivio o un antídoto ante la muerte inminente? ¿Es la propia película lo que ejerce de cuidado paliativo, sustituyendo la estancia en un hospital?

−¿Contribuye en estos casos el cine a romper el tabú de ese ‘miedo’ al enfermo terminal, y ayuda al espectador o al ciudadano en general a acercarse con más afecto o normalidad a una situación así?

Ambas películas contienen también un elemento muy importante: el humor, una visión irónica de la vida, aportada sobre todo por el propio enfermo. Algo que también se da, de otro modo, en Las invasiones bárbaras o Mar adentro, como si el enfermo quisiera romper la impotencia y el dolor de quienes les rodean y están despidiéndose de él.

Curiosamente, Wim Wenders comentaba que el equipo de técnicos de la película que hizo con Nicholas Ray es el que ha estado más unido y con el que ha vivido una experiencia más intensa de todos aquellos con los que ha trabajado.

Y Antonio Pérez Canet certificaba en una entrevista reciente: el compañerismo que se estableció en el rodaje, el tema nos afectaba en la intimidad, porque todos hemos crecido mucho con esta película a nivel personal y profesional. Carlos y su entorno nos atraparon a todos. Nadie de los que entró en el proyecto lo abandonó en ningún momento1.

Esos equipos de técnicos y cineastas, mezclados con los amigos y familiares, se convirtieron en ambos casos en los artífices de unos cuidados paliativos que tuvieron el cine como materia de alivio, y como objetivo vital, para el enfermo.

Carlos Cristos murió en la madrugada del sábado, 26 de abril de 2008.


Referencias

  1. Corbillón A. La muerte se está convirtiendo en un tabú en nuestra sociedad. Entrevista con Antonio Pérez Canet. El Norte de Castilla. 30 de octubre de 2006.

Foto 1: el deterioro físico de Nicholas Ray

Cartel español con el protagonista, Nicholas Ray, en primer plano

Foto 2: un momento de la filmación de Las alas de la vida

Cartel español con el protagonista, Carlos Cristos, en primer plano