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Hacia dentro y hacia fuera, la discapacidad a través del cine

María José Fresnadillo Martínez

Departamento de Medicina Preventiva, Salud Pública y Microbiología Médica. Facultad de Medicina. Universidad de Salamanca (España).

Correspondencia: María José Fresnadillo Martínez. Facultad de Medicina. Avda. Alfonso X El Sabio s/n. 37007 Salamanca (España).

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De la misma forma que la vivencia de la discapacidad es personal, única y fundamentalmente íntima, la percepción de la discapacidad y la actitud frente al discapacitado son tremendamente personales y están condicionadas por múltiples factores sociales, culturales, psicológicos, escala de valores, contexto geográfico y temporal, etc. Además cuando la discapacidad no nos afecta directamente, cuando no se vive en la “carne” o en el “ánimo”, la imagen depende, en muchas ocasiones, de situaciones planteadas en los medios de comunicación de masas. Como comenta Marta Badía en su artículo “Las personas con discapacidad visual en el cine” la representación cinematográfica de las personas con discapacidad contribuye a la percepción general que tiene la sociedad de este colectivo. Y, esa dramatización, esa “ficción” del discapacitado suele adaptarse a los siete estereotipos identificados por Nelson y analizados por la autora concretamente en personas con alteraciones visuales pero extrapolables a cualquier limitación sensorial, anatómica o fisiológica. Curiosamente seis poseen una connotación negativa (lamentable y patético, siniestro, malvado y criminal, “mejor muerto”, inadaptado, como carga familiar y social e incapaz para tener una vida de éxito) y sólo uno un matiz positivo aunque desmesurado: héroe. Desmesurado ya que la clave está en alcanzar los máximos niveles de normalización no en la exaltación injustificada de la diferencia. David Aparicio y María Gómez-Vela en su trabajo “De criados mudos, jóvenes sordas y otros estereotipos” y Mª Inés Monjas y Francisco Arranz en el análisis “El cine como recurso para el conocimiento de las personas con discapacidad: veinticinco películas de la última década” inciden también en la capacidad del cine en la trasmisión de ideas, en el desarrollo de actitudes y valores y en su papel como herramienta educativa de la sociedad para lograr un acercamiento y conocimiento de las personas con discapacidad y constatan que la imagen que transmite el cine de este grupo de población ha evolucionado positivamente, especialmente en la última década, hacia una imagen más acorde a la realidad del discapacitado. Realidad y no quimera ni congoja, no es cuestión de optimismo o pesimismo, de ver siempre la botella medio llena o medio vacía, es cuestión de asumir realidades y de ofrecer oportunidades desde el prisma de la comprensión, de la ayuda (no de la compasión), en una palabra, de la humanidad. Sin embargo, no puede entenderse la discapacidad como un cajón de sastre de “deficiencias” en el que cabe todo y buscando soluciones en un “café para todos” cómodo (¿para quién?) y ficticio. No todas las discapacidades son iguales ni todos los discapacitados semejantes en limitaciones, posibilidades, capacidades, oportunidades o necesidades. En este sentido es imprescindible la adecuación de la “normalización” a la individualidad, a la diferencia. El retrato cinematográfico de Ramón Sampedro, un discapacitado famoso en la realidad y en el cine, es analizado por Antonio-León Aguado, Meni González, Cristina Rozada y María Ángeles Alcedo seis años después de que Mar adentro (2004) de Alejandro Amenabar recibiera el Oscar y demuestra hasta que punto la vivencia de la discapacidad es personal. En situaciones semejantes unos individuos pueden ser felices y otros se ahogan en su situación, sumando incapacidad a la discapacidad e imposibilitando la interacción normal con su ambiente que, en el caso de Ramón Sampedro se materializa en un deseo patológico de morir y en la negativa a utilizar medidas de apoyo que hagan más fácil no sólo su vida sino la de su entorno al que arrastra a vivir una vida ajena, a vivir la discapacidad sin discapacidad.

Gracias a todos los autores de este número monográfico por sumergirnos en la discapacidad a través del divertimento y del arte que confluyen en el cine, ese escaparate maravilloso de la condición humana hecha por el hombre y para el hombre en el sentido más amplio del término.